Luego se halla la Capilla de Nuestra Señora de la Guía, sin interés alguno. Después la del Carmen, costeada por el Arzobispo Barroeta, y que tiene una cabeza de San Pablo, de Cano.

La Puerta de San Jerónimo, de 1639, y por último: la Capilla del Pilar de Zaragoza, costeada por el Arzobispo Galván, de mediano gusto.

Continuando, hay sobre la puerta de la Sala Capitular una Caridad, del célebre Torrigiano, florentino y rival de Miguel Angel. Este magnífico relieve lo presentó en Granada como muestra de pericia, al saber que se convocaba á los escultores para hacer los sepulcros de los Reyes Católicos. Nótese con la detención de que es digna, tan notabilísima obra de arte.

Un Cristo en la cruz que hay á la izquierda, junto á la puerta, parece de Atanasio.

La torre era magnífica si se hubiera terminado, le falta un cuerpo, y tiene hoy 202 pies de altura. En ella está la Sala Capitular, con un apostolado, italiano; un cuadro de Atanasio y otro de Risueño. Encima habitan los campaneros, y están los cuartos que sirvieron de taller y morada al insigne Alonso Cano.

Pasemos á la sacristía. En la puerta hay un cuadro, representación de la vida de San Juan de Dios, con el retrato del mismo santo. Al frente hay un Crucifijo, de Becerra, bastante bueno. Una Concepción de Cano, una Virgen del Rosario del mismo, obras todas de encantadora expresión, muy bellas y dignas de estudio. Otras de menos valer hay en el Oratorio de los canónigos, con los ternos y alhajas destinadas al culto, objetos ricos que son especialidades en su género.

El Sagrario.

Ya hemos hablado en el lugar correspondiente de la mezquita que había en el sitio donde se construyó este templo, y que fué bendecida por los Cristianos, para que sirviera de iglesia donde se enterraban arzobispos y grandes señores. El proyecto y dirección fué de Hurtado Izquierdo, y se hizo desde 1705 á 1759, no sin dificultades en la construcción. La portada es elegante, greco-romana, sin gran severidad, y la planta de toda la obra es cuadrada con cuatro grandes pilares en el centro, sobre los que se apoya la media naranja y la bóveda que la circunda. Su aspecto es agradable por la uniformidad del conjunto y excelente composición de líneas simétricas. En el testero del Mediodía se encuentran dos cuadros de Atanasio, algunos altares apreciables, especialmente en el centro, y otras esculturas de su portada y tabernáculo, solo pasaderas.

El Palacio del Arzobispo.

Nada de notable en el edificio, á no ser que se quiera parar la atención en la puerta y ventanas del lado frente de la Catedral, que son excelentes ejemplares de renacimiento. Posee cuadros regulares y alguno digno de mención entre otros muchos de ningún precio.