El 2 de Abril de 1767, cuando la expulsión de los jesuítas, se le agregó el Colegio Real que estaba adjunto, cuyo edificio fué en parte destruído en 1868, y reedificada su fachada en 1872.

La Capilla Real.

Templo dedicado á sepultura de los Reyes Católicos y construído desde el año 1502. Es de arquitectura gótica y de la más sencilla que se hacía en aquella época, con la marcada degeneración que estaba experimentando, como lo demuestra este edificio, cuyas cresterías exteriores y pináculos son los detalles más bellos que contiene. Hasta ahora no se ha sabido el nombre de su arquitecto. Un Jerónimo Palacios fué veedor de la obra, y el conocido Felipe de Borgoña se cita, pero sin certidumbre.

La iglesia, pues, se construyó con menos grandeza que la que hoy se ve, y fué aumentada luego que el emperador Carlos V, al visitarla, dijo: «que era estrecho sepulcro para la grandeza de sus abuelos».

La puerta humilde que tiene á la calle de la Lonja, de mal gusto plateresco, fué hecha después que por haberse construído la Catedral, quedó su portada principal, que ya hemos indicado, dentro de aquel edificio.

Tiene el templo 179 pies de largo, 78 de ancho y 75 de altura.

Está interceptado por un coro donde había dos órganos muy celebrados. Hoy apenas queda uno.

Leemos la inscripción del friso:

«Esta capilla mandaron edificar los muy católicos D. Fernando y Doña Isabel, rey y reina de las Españas, de Nápoles, Sicilia, Jerusalén; éstos conquistaron este reino de Granada, é lo redujeron á nuestra fé, é edificaron é dotaron las iglesias, é monasterios, é hospitales de el, é ganaron las islas de Canarias, é las Indias, é las ciudades de Oran, Tripol é Bugia, é destruyeron la heregía, é hecharon los moros e judíos de estos reinos é reformaron las religiones. Finó la reina martes veinte y seis de Noviembre año de mil quinientos y cuatro; Finó el rey miércoles veinte y tres de Enero, año de mil é quinientos y diez y seis. Acabóse esta obra año de mil é quinientos é diez y siete años».

Nótase lo bien trabajada que fué la verja que cierra el Crucero, por «MASTRE BARTOLOMÉ me fec» como dice un letrero sobre ella misma; y los excelentes ornatos platerescos en que abunda esta notable obra de cerrajería, que hoy sería dificilísimo ejecutar.