Real Hospicio.
De grande extensión, espaciosas naves y multitud de cuartos, este edificio es uno de los mejores que hay en España, y se fundó por los Reyes Católicos. Tiene muy buenos detalles en las ventanas del exterior de la capilla gótica del centro, y su planta es de magnífica distribución, según la higiene y reglas del arte de construir. Reúne local para más de mil asilados, y en él abriga la caridad oficial de la provincia á los dementes, á los niños huérfanos ó abandonados, y á los mendigos en muchas ocasiones.
Cartuja.
Subiendo la Calle Real y pasando una Ermita de poco interés monumental, dejando á la derecha una casa en una altura, que se llama el Mirador de Orlando, que lo construyó un rico Genovés, se entra en un ancho camino que conduce á este Monasterio.
Es fundación del año 1513, en cuya época se hizo parte de la fábrica, que vinieron á poblar tres monjes de las Cuevas de Sevilla. Dícese que fueron víctimas de los moriscos porque perecieron en una insurrección. En 1516 se comenzó de nuevo la obra, y se amplió en los siglos sucesivos, hasta 1842 en que se demolió parte del primitivo edificio.
Cuéntase que Gonzálo de Cordova cargó un día contra una partida de moros de los que salían á vigilar el campamento cristiano, y que llegado al sitio que se llama Golilla de Cartuja, antiguo cerro de Ainadamar, descubrió por vez primera desde un punto cercano la ciudad árabe. No le inquietó el ruido de los guerreros que salían al socorro de los fugitivos, puesto que el cristiano permaneció en este lugar algún tiempo, y se arrodilló para dar gracias á Dios por el éxito conseguido. Añádase que se pidió noticia del sitio donde había descansado, y que este lo señaló donándolo para los frailes, con las huertas de la Alcudia.
Desde la Portería se pasa al Claustro, donde se enseña una galería de cuadros de Cotan (copia), figurando la mayor parte martirologios de las guerras religiosas de Inglaterra. Unos son menos malos que otros, muy débiles por el dibujo, color y falta de sentimiento estético. Luego se pasa al refectorio, donde se enseña una cruz pintada que no tiene nada de particular.
La iglesia no ofrece un género especial de ornamentación; están revelando los adornos picados de sus paredes, la obra pacienzuda de frailes ingeniosos. Siete lienzos de Atanasio hay colocados en las paredes de la iglesia y varios cuadritos del mismo Cotan y de Giaquinto. Hay una esculturista pequeña de San Bruno, muy buena, otra de la Concepción, de Mora, y cuadros en el Sagrario, de Palomino, el celebrado no con mucho fundamento.
Hay preciosas puertas en la Sacristía, en el Coro y en los guardaropas, hechas de embutidos á lo mosáico, de concha, nácar, marfil y plata, con molduras de ébano, cuyo trabajo merece atención y fué hecho por un lego llamado José Vázquez.
Sorprende la Sacristía por la limpieza, composición y belleza de sus jaspes y mármoles, yesos, pinturas y muebles. El aspecto es rico y elegante, la ornamentacion plateresca con ribetes de churrigueresco; pero tan bien trabajada y repartida, que sin darse cuenta de un verdadero motivo de encanto, existe en realidad en esta estancia una agradable disposición que no se halla en otros edificios de mayor mérito. De aquí fueron extraídos cuatro cuadros de Zurbarán, y queda una Concepción pequeñita, un Señor de la Espiración, que dicen de Cano, un Ecce Homo que atribuyen al divino Morales, y otras cosas de menos precio. Los pavimentos son dignos de mencion.