Ocupa este edificio el centro de una hermosa huerta que disfruta de saludable temperamento y de encantadoras perspectivas: en ella existían completos los muros de un gran estanque que tenía cuatrocientos pasos de circuíto, construcción árabe con torreones en los ángulos. Esta clase de obras de recreo y regadío se encuentran en casi todos los jardines antiguos de esta población, y suponen siempre la existencia de algún palacio ó casa de campo en sus orillas. Creemos, pues, que habría alguno que se derribó para hacer el Convento, y que tal vez sería el que habitó en este sitio Aben Abiz después de la conquista de Sevilla. El lugar es de los más amenos y deliciosos.

La Audiencia.

Es el edificio de la antigua Chancillería, construído en la Plaza Nueva desde 1531 á 1587, época de gran desarrollo monumental para Granada. Es uno de los mejores de España, de buen aspecto, majestuosidad y grandeza. En él estuvo la Universidad, según lo declara una inscripción, y se fundó por una Real Cédula del año 1505 que dispuso trasladar á Granada la Chancillería de Ciudad Real.

Monumento de Mariana Pineda.

Situado en el Campillo. Se construyó con la sencillez que se nota á expensas de repetidas suscripciones, hechas por espacio de treinta años, hasta colocársele la estatua de mármol blanco, en 1874. El Ayuntamiento allegó fondos para esta obra.

Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias.

Uno de los templos de más culto en Granada, al cual se hallaba unido, no hace muchos años, un Hospital para los hermanos devotos. El retablo central y camarín es una costosísima obra en mármoles de colores, de pésimo gusto y digna de mejor trazado.

Paseos del Genil.

Ricos en vegetación. El territorio granadino tiene excelentes paseos en los que suple la naturaleza al arte. Los llamados Salón y la Bomba, se hicieron desde 1810 á 1830, y en este largo tiempo se plantaron sus árboles, hoy magníficos, que si se perpetúan adquirirán ese majestuoso y venerable aspecto secular que tienen los bosques de otros países.

El puente de Sebastiani se hizo bajo la dominación francesa, con la piedra de la torre de San Jerónimo, que el general francés de aquel nombre decretó demoler. Nosotros le habríamos aconsejado que respetara la tumba del Gran Capitán, cuya memoria valía más que el escaso importe de haber comprado la piedra en las canteras.