MEDINA AZAHRA
Sulimán[20] prendió fuego á los palacios de Azahra en el año de 1010 y destruyó esta población abandonada, cuyos habitantes se habían refugiado en los pueblos comarcanos; por consiguiente, aunque quisiéramos recordar aquí una de las más encantadoras obras creadas por el genio de la civilización agarena, tendríamos que contentarnos con lo que infundadamente describen las crónicas del tiempo de D. Alfonso VI, cuando refieren, que habiendo pedido este monarca la deliciosa residencia de Azahra para doña Constanza, el Kalifa, indignado, mató al mensajero, dando ocasión á aquella guerra vengadora que introdujo en España á los almoravides para sostener el poderío de Occidente. Escasísimos documentos proporcionan las referencias históricas para averiguar las bellezas artísticas de este sitio, y aunque fuera cierto que muchos capiteles y columnas se llevaran de él para hacer el alcázar de Sevilla, ni se conoce la época, ni nosotros creemos que dichos ejemplares tengan ese origen. En cuanto á los vestigios que se hallan en el convento de San Jerónimo de la Sierra, son sin duda, procedentes de aquellos suntuosos edificios, en los que al parecer se aprovecharon pórticos románicos, pilares y entablamentos que servían á los monumentos árabes, así como la multitud de mosáicos, ladrillos, mocarbes, losas, lámparas y preciosos fragmentos de vasos sin esmalte que hemos tenido á la vista; todo lo cual nos obliga á citar este sitio, digno del anticuario más bien que del artista.
Candila de Medina Azahra.
Pero como para la historia del arte no podíamos pasar desapercibida la memoria de un monumento, que por las descripciones mahometanas ocupaba el primer lugar en España, no dejamos de mencionarlo como reminiscencia de otros alcázares, especialmente el Toledano, del cual nada podemos referir. Y dicen las crónicas que un alarife de Bizancio trazó el más dilatado edificio conocido, por disposición del emir, á tres millas nordeste de Córdoba, en lo alto del Monte de la Novia, dedicado á una odalisca, cuyo nombre dió á este sitio. El harem podía contener más de 6.000 concubinas y sirvientas, 3.750 eunucos y 1.500 guardias. Empleóse en aquél un número considerable de piezas de mármol, lo cual demuestra ya que estaba muy lejos de parecerse este edificio al alcázar de la Alhambra, supuesto que los materiales de la construcción imprimen especial carácter al estilo de cada época. Las columnas se contaban por millares, ostentándose en ellas los mármoles de Raya y de Filabres, con los que regalaron de Roma y especialmente de Túnez, restos quizá de las ruínas de Cartago; dominando en esta obra los barros cocidos de diversos colores y los delicados paramentos de estuco, de los que suelen encontrarse todavía gruesos pedazos removiendo la tierra. Tan grande fué esta maravilla, que trabajaron en ella durante treinta años más de cinco mil jornaleros, ganando dos dinares y medio al día, y en tiempo del califa An-Nasi, se habían gastado siete millones de dinares. Largos arroyos conducían el agua á sus baños, fuentes y estanques, y las puertas decoradas con agramiles se hallaban forradas de cobres y hierros plateados, como hemos visto en otros parajes, con fuertes capas de estaño para preservarlos de la oxidación. De sus habitaciones se cita como más hermosa la Sala de las Grandes Ceremonias, con arabescos de estuco dorado y colores, y techumbre de maderas olorosas, que cerraba en un colgante de cuya extremidad pendía una perla de gran tamaño regalada por el griego emperador Constantino Porfirogénito. Describe luego la fantasía diamantes y esmeraldas, y siempre se hace mención en estos palacios de pilas llenas de azogue que servían de entretenimiento á las esclavas y odaliscas.
En cuanto á las esculturas seremos más parcos en admitir lo que se dice. Hemos visto un león de bronce admirablemente fundido, cuya fotografía conservamos, que nada deja que desear en cuanto al modelo, también repasado á la mano como las obras japonesas, que procede de estos edificios[21]. Había otras esculturas, de las que sólo se hallan fragmentos en poder de los anticuarios, las cuales nos dan la certidumbre de la existencia de estas obras de carácter babilónico. Los cuentos nos describen una figura de mármol verde traída de Siria, que se colocó en la alcoba del sultán, sobre doce figuras de oro bermejo, y otras que vertían las aguas en los estanques; pero si bien esto nos indica el lujo de la mansión, nunca podremos asignar por ello al arte escultórico un lugar preeminente.
La mezquita de Azahra era otro de los edificios descritos con entusiasmo: el alminar de cincuenta codos de alto, los arcos de lintel, los calados, mosáicos y cristales de colores como los del santuario de la catedral citada, daban á este templo un particular encanto.