Y si nada podemos analizar de estos perdidos monumentos, ¿qué podríamos decir de esos regios alcázares sembrados á la orilla del Guadalquivir sobre los cimientos de los elevados por los Godos y surtidos por las aguas del río, cuyos restos se vieron en la Albolafia? Cuenta Al-Makkari que el rey moro de la fortaleza de Almodóvar descubrió el palacio romano, que creemos estaría cerca de la fortaleza cuadrada de Don Alfonso XI; quizá el sitio que ocupaba el palacio de Teodofredo; pero he aquí lo que dijo Ibn-Bashkuwal: «Entre las puertas de este palacio que Dios Omnipotente abrió para reparación de las injurias, auxilio de los oprimidos y declaración de justas sentencias, es la principal una sobre la cual campea un terrado saliente, sin igual en el mundo; esta puerta abre paso al alcázar, y tiene sus hojas revestidas de hierro con un anillo de bronce de labor exquisita en figura de hombre con la boca abierta, obra que trajo de Narbona un Kalifa. En la misma fachada hay otra puerta para los jardines, y al otro lado un terrado de donde se mira el Guadalquivir, y dos mezquitas famosas por sus muchos milagros... Las puertas tercera y cuarta, nombradas del Río y de Coria, daban salida hacia el Norte. La quinta y última, denominada de la Mezquita Mayor, era por donde salían los Kalifas cuando iban los viernes á la azala, cuyo tránsito se cubría todo de alfombras».
En otra página sobre Medina Azahra dice lo que sigue: «Es uno de los más admirables edificios; su erección principió á principios del año 325 (936) por Abú’l-Mutarvif Abd-ar-Rahmán, sobrenombrado Nasir (hijo de Muhammad, hijo de Abd Allah, uno de los soberanos Omeyas de España). Se extiende á la distancia de cuatro millas y dos tercios de Córdoba. Su longitud de Oriente á Occidente 2.700 codos, y su ancho de Norte á Sur 1.500. El número de sus columnas 4.300 y más de 15.000 puertas. An Nasir dividió la renta del Estado en tres partes, una para las tropas, otra para el Tesoro y la restante para construir á Medina Azahra. Las rentas de España en aquel tiempo eran de 5.480.000 dinares, y 765.000 dinares producían las fincas y rentas del soberano».
ALGUNAS CONSTRUCCIONES MORISCAS
DE CÓRDOBA
Frente á la parroquia de Santiago había una casa con un zaguán morisco con arcos del mismo género angrelados y levantados de punto, bastante notables; y como en muchos otros lugares el afán de blanquear las paredes ha cubierto filigranas de rara labor y finísimos detalles: se llama esta casa de las Campanas.
En la plaza de Antón Cabrera y casa del Conde del Aguila hay también restos de un edificio mahometano, digno de consideración.
Baños árabes. Más de ochocientos había en Córdoba, y sólo se encuentran hoy los vestigios de cuatro ó cinco de ellos; los principales son dos en las respectivas calle del Baño, alta y baja. Cuando se abren los cimientos para nuevas construciones, se suelen hallar vestigios de los muchos que han quedado siempre por debajo de la superficie ó suelo moderno. Su estructura ofrece poca diferencia de la que tienen los que hay en las demás poblaciones mahometanas.
Entre otros monumentos, Alfonso XI nos dejó la FORTALEZA CUADRADA, el ALCÁZAR NUEVO y los torreones desmochados que hoy existen junto al palacio episcopal. Lo que está fuera de duda es que estos varios palacios de origen godo y hasta romano que conserva la tradición, estaban situados en las márgenes del Guadalquivir, porque los baños del alcázar se surtían con aguas del río por medio de una azuda, cuyos restos llevan hoy el nombre de Albolafia. Junto al baño había una torre donde se posó la famosa paloma blanca, según cuentan las crónicas de San Eulogio.
Capilla mudéjar, Córdoba.
El Alcázar nuevo es hoy la Cárcel de Córdoba, donde estuvo el tribunal de la Inquisición, en la que ejerció sus crueldades el Canónigo Luzero, juzgó más de cien inocentes, y los hizo quemar en el sitio llamado Marrubial. De este modo uno de los más históricos monumentos de los tiempos árabes ha venido á ser el lugar más olvidado de la población, sin que puedan hacerse conjeturas sobre la magnificencia que los autores sarracenos nos han pintado: pues careciendo de datos, hemos de suponer que, según Al-Makkari, el rey moro que vivía en la fortaleza de Almodóvar descubrió el palacio romano, y que tal vez éste sirviera, restaurado por los árabes, en cuyo caso esta obra puede figurársela todo el que haya estudiado los detalles de la mezquita de Córdoba.