Bien puede deducirse que el desarrollo de tan interesante índustria fué obra española; que los auxilios recibidos del conocimiento de las propiedades colorantes de las tierras y sus fundentes, para producir sus barnices opacos, la armonía, hasta de las medias tintas, no fué descubrimiento posterior al siglo XV, sino que con suma habilidad un tanto mecánica, se produjo en los jarros de la Alhambra con ese efecto artístico que tanta sorpresa causó cuando Bernardo Pallissy hizo sus primeros combinados esmaltes. Y aunque esta industria radicaba de los Asirios y Egipcios, y era noble entre los Judíos como símbolo de la potestad que hace del barro una forma ó cuerpo, sabido es que se perdió en la ruína del imperio de Occidente, y su reaparición se debió á los Árabes de España y de Mallorca.

Hacían con loza ordinaria candiles de diversas figuras, semejantes á los que usaban los romanos; pero en ocasiones tenían lámparas de metal labradas á buril ó á realce con preciosos arabescos finamente acabados, de uno y de muchos mecheros, que colocaban unas veces en nichitos hechos en la pared, y otras en lámparas de un platillo calado y tres cadenas de donde pendía aquél[22], ó sobre un pie como nuestros candelabros, más ó menos decorados y de bronce, ó dentro de un farol de metal ó maderas con calados, y cristales ó telas trasparentes.

Tenemos á la vista fragmentos de jarros cuya composición artística no desmerecen nada de la de los griegos, de los ricos y engalanados del Renacimiento, de los de Beauvais del siglo XII, y en esbeltez ganan á los antiguos de china japonesa que se conocieron en el continente á mediados del siglo XV.

El trabajo de los mosáicos hechos de pequeñas piezas unidas formando una superficie perfectamente plana que no ha llegado á imitarse en nuestros días, constituyó una industria sin ejemplo, que al continuarse después de la expulsión de los moriscos, se convirtió en hacer azulejos de labor grosera sin ensambles ni finura. Las labores de tierra cocida, para resistir la influencia atmosférica, se hacían por los árabes matizadas de barnices de colores hermosos, que todavía se ven en las puertas de las ciudades y palacios; y los ladrillos cortados para labrar las fachadas buscando arcillas de diversos tonos, fueron siempre la obra más ingeniosa y delicada con que ornaron todas sus construcciones.

En cuanto á la orfebrería de aquel primer período, es completamente bizantina y superior al trabajo que se ve en las coronas de los monarcas visigodos. En este arte, tan antiguo como el descubrimiento de los preciosos metales que se encuentran puros en la naturaleza, se halla un fiel reflejo de las obras más bellas del Imperio de Oriente. Con tal base esta industria no podía menos de desarrollarse extraordinariamente, y en Córdoba los tiradores de oro consiguieron antes de 1350, cuando la Italia dió los experimentos provechosos sobre su tenacidad, hacer planchas de un grano para cubrir 56 pulgadas cuadradas, é hilar delgados alambres, con los que hacían preciosas filigranas, tan bellas como las que hoy nos traen de Alemania, donde esta industria prospera más que en parte alguna. Hemos visto ejemplares hallados en un sepulcro cerca de Almería, semejantes á los que existen en el Museo Arqueológico Nacional: son unas arracadas admirablemente hechas de hilo de oro, y collares del mismo género; los brazaletes de realce con labores bizantinas é inscripciones africanas, notándose en las planchas de cobre que se hallaron en unas ruínas cerca de Granada el cincelado de letras y adornos, y en un pebetero de plata y latón, incrustaciones rebatidas de ambos metales, no inferiores á las que se hicieron en Italia cuatro siglos después. La aplicación de los esmaltes sobre oro y plata aparece especialmente en los tiempos de la dinastía Naserita; pues aunque en Sevilla y Córdoba ya se conocían medios para combinar materias cristalinas con los metales, existen después ejemplos de haber incrustado pedacitos cuadrados y triangulares, á manera de ladrillos finísimos de cristal ó piedras artificiales, en el fondo de los relieves de plata ú oro, cuyo delicado trabajo no nos cansamos de admirar todavía.

La espada que se conserva en Generalife tiene una preciosa empuñadura con este trabajo, superior en nuestro juicio á otros que se pueden ver en la Real Armería y en los museos extranjeros. El acero de sus armas, de temple proverbial, no sólo trabajado en Toledo, sino en muchas ciudades andaluzas, no se ha trabajado nunca mejor; y los cincelados sobre esta dura materia de los cascos, almofares y capacetes, hebillas, estribos, etc., que de vez en cuando se descubren, prueban bien los adelantos de este difícil arte, ejecutado con menos elementos mecánicos que los que hoy poseemos. La cerrajería nos ha dejado dos rarísimas arcas de hierro para conservar caudales, que se encuentran en Granada, las cuales ostentan un complicado sistema de cerradura tan difícil como ingenioso. Sin los cilindros ni otros aparatos de la mecánica moderna, estiraban chapas delgadas y tan uniformes de grueso como las hechas con aquellos artefactos.

El bronce se fundía en piezas de bastante magnitud, haciendo esculturas de grandes dimensiones, formas humanas y animales perfectamente modelados. Hemos visto una sin repasar con las limas ni buriles, y con la tersura de las mejores estatuas modernas, cuyo arte es sabido que ofrece muchísimas dificultades de elaboración que no han llegado á evitarse, para reproducir absolutamente la finura del modelo. Los utensilios de este metal que se dedicaban á los usos ordinarios, están por regla general bien vaciados, y en más de uno hemos visto inscripciones con caracteres limpios y hermosos, alternando con labores de hojas y espirales perfectamente fundidas.

Al mismo tiempo que en Sicilia se hiló en España la seda por los árabes; pero con la diferencia de que los vestidos de las mujeres eran después bordados de esta hebra, por el mismo precio que si los hubieran hecho de hilo de plata. Aparece además, que el año 780 cambiaban los árabes de España con los francos tejidos y bordados de seda que Carlomagno envió á Offa como una demostración del progreso de aquella época; y que ya en el Kalifato se cubrían los divanes con sedas listadas de diversos colores, las mezclaban á la lana que se criaba finísima, y vendían las telas á los cristianos, con las cuales se vestían éstos y las ostentaban como objetos de lujo. Los corpiños y jubones de fustán con cinturones de cuero labrado, bordados de colores y fileteados de oro, los caftanes de seda, verdes, blancos ó encarnados, los caireles y el acamuz del mismo tejido, eran parte de los hermosos trajes que desde el siglo XI se usaron por todas las clases de la sociedad. Lo mísmo diremos de los chamelotes que llevaban las mujeres, cubiertos de rica pasamanería de seda, trenzas y bordados, y las tocas y mantos de lana y seda, cuyas costumbres han llegado hasta nuestros días después de mil años.

Los muebles se construían con suma habilidad como obras de paciencia, donde se prodigaba el embutido de nácar y concha con taraceas de metales preciosos, hasta tal punto, que en algunos de ellos se empleaba uno ó más años de manufactura prolija y delicada, si se quiere poco artística, pero por demás ingeniosa, pues se han hallado algunos de ellos compuestos de millones de piececitas combinadas, según los colores de su materia, y si bien son demasiado lujosos por el tiempo que en ellos se empleaba, los más modestos y económicos que hemos visto, superaban en la forma á los que usan hoy las clases humildes de la sociedad. Laboreados paños en los techos, albanecares de bien distribuídas ajaracas para los nichos y reclinatorios no pueden mejorarse por la exactitud de sus nudos y ataires amedinados, cuya clase de obra se usó hasta el siglo XVII con notable perfección en los artesonados que se denominaban maomares, y en una multitud de escritorios y cofres que pertenecen á la época del Renacimiento, empleados en las oficinas de los cenobios cristianos.

La aplicación de los cueros llamados tafiletes y cordobanes, por el lugar de su procedencia, era muy común, tanto para el vestido como para los arneses y asientos de los divanes, y España puede gloriarse de haber heredado esta industria en tal perfección, que sus productos no se vieron mejores ni á mayor altura en la exposición de Londres del año 1851, donde fueron premiados y atrajeron la admiración de las gentes. Los finos punteados de admirable igualdad sobre labores superpuestas, hechos á la mano y de un modo rudimentario, dan á estas obras un hermoso aspecto, que se halla también en las monturas usadas en el siglo XVI, y cuya labor pasó á otros pueblos que después la abandonaron. Se aplicaban también á revestir las paredes, dándoles realce ó medio relieve y dorando las superficies bajas, no de otro modo que se hacen hoy los adornos en las pastas de los libros. Hemos hallado pedazos de estos cueros, que revelaban una industria muy generalizada y sobresaliente.