Fabricaban papel de algodón y teñían los tejidos de brillantes colores, tan permanentes, que los trapos y banderas de lana y seda hallados recientemente en la Alpujarra conservan sus colores como si acabaran de ser aplicados: hemos visto un cambuj ó velo que debía ponerse sobre los almadraques, el cual no pudo tejerse más que por los medios puestos después en práctica en los Gobelinos. Por fin, la palma, la pita y el esparto hilado, cubrían los suelos y zócalos de las casas más pobres, y se hacían de estas plantas mil objetos útiles, mejor labrados que los que hoy se ejecutan.
Los sastres, alfayates, abundaban en España como profesión lujosa, enlazada íntimamente con los tejedores y mercaderes de telas; y como hoy en Fez, se fabricaban los trajes hermosos que ponían á la venta en los escaparates. Solamente pierde importancia este oficio por el criterio del legislador que predicaba continuamente la modestia, hasta el punto que, como dice Ben-Jaldum, existía la prescripción de purificarse arrojando los vestidos cosidos y punteados, en cuyo trabajo tan notables eran, y se les mandaba cubrirse el cuerpo de una tela que no tuviera costuras, para evitar adornos, cuya recomendación obligó á los más piadosos á envolver el cuerpo en una larga tela blanca ó rayada de diez y veinte metros de largo.
Dicen autores musulmanes, cuyos escritos se han traducido en los últimos veinte años á muchos idiomas, que fué tal el desarrollo que tomaron las artes del librero, encuadernador y escribano, por ser las tres el medio de difundir la civilización, que se dedicaban á ellas todas las clases más ilustradas de la sociedad, llegando á ser noble el ejercicio de las profesiones citadas; y tal estado de desarrollo alcanzaron, que llegó á no bastar el pergamino que se preparaba, obligando su escasez á que decretara Alfadi Yahya el uso obligatorio del papel, que entonces se aplicaba muy poco. Y como parte técnica dió á la forma de los caracteres de letra tal importancia, que los libros hallados en los desvanes de los edificios ruinosos tienen una escritura tan perfecta, que es sólo comparable á los tipos limados de la imprenta. Cítase á Bagdad como el centro civilizador donde la escritura y tipos tomaron más sencillez, alejándose de las formas primitivas que tuvieron en Cufa; pero modificados en Egipto, donde perdieron algo de la claridad y belleza que se les dió en Yrac, hasta que los árabes españoles ya independientes y adoptando costumbres dulces y tranquilas, llenaron los aposentos de libros, y con ingenio y buenas costumbres, como dice el docto Cateb-El-Bagadi, se hicieron escritores y libreros, cuyo número en Córdoba llegó á exceder de veinte mil.
Formaban como en el resto de Europa por aquel tiempo los constructores de edificios, sociedades que guardaban sus secretos científicos y sus trazerías geométricas para el exclusivo dominio de los afiliados en estas artes, las cuales se utilizaban por los hombres más toscos y atrasados, al lado de los más ingeniosos despreocupados é instruídos. De aquí procedía el uso de unas mismas combinaciones y ornatos para determinadas formas y medidas, y la razón de hallarse siempre arabescos exclusivamente aplicados á las construcciones religiosas, á las militares y á las del harem. Los arcos de herradura con las dovelas resaltadas, se emplearon únicamente en los lugares destinados á la oración, así como los mocárabes de colgantes no se pusieron nunca en las aljamas andaluzas[23]. Preceptos todos que á semejanza de los sacerdotes caldeos, explotadores también de estas artes, venían de una especie de gremio masónico que enviaba sus artífices á diversos Estados, y que no permitían otros usos y otras alegorías que las convenidas en sus conciliábulos. Ellos, como otros muchos, cuando la construcción de las famosas catedrales cubiertas de figuras emblemáticas y burlonas, se excedieron también en España de los preceptos religiosos, pintando murallas y labrando figuras, cuyas obras se ejecutaban por los mismos alarifes como trabajos constructivos en imitación del arte asirio.
Esas sociedades poseían un caudal de trazados de ensambladuras para techos; otro de comarraxias para las bóvedas, y de alicatados para sus estucos, los cuales constituían su fortuna; por esta razón se distinguen las labores hechas en los diferentes reinos, y no cabe confundir las obras de los alcázares sevillanos con las de Toledo ó Granada[24] como frecuentemente se verifica por los modernos escritores.
Es curioso lo que dice el notabilísimo escritor árabe Ben-Jaldum sobre la manera de construir de los árabes en la generalidad de los casos; pues en otros imitaron las sillerías y corte de piedras de los romanos, en bóvedas y fuertes muros exteriores. He aquí el párrafo:
«El arte de edificar se divide en varios ramos, uno consiste en hacer muros de piedra tallada, ó ladrillos cimentados con cal y arcilla[25]... y otro consiste en formar muros con arcilla solamente. Se sirven para esto de dos planchas de madera, cuya longitud varía según los usos locales; pero en general son sus dimensiones de cuatro codos, y se colocan sobre fundamentos ya preparados, espaciándolas según la anchura que el artífice cree necesaria. Se sujetan por medio de travesaños de madera fijados con cuerdas ó lías, se cierran las extremidades con otros dos tableros más pequeños y se vierte dentro tierra y cal que se aprieta con pequeños pilones hechos á propósito. Cuando la masa está bien apretada se sigue añadiendo hasta llenar el hueco y que las partículas formen un solo cuerpo duro é impenetrable; así se continúa, desarmando la caja y llevándola á la línea inmediata ó superponiéndola..... Este género de construcción se llama tabia y tauvab el que los fabrica.
»Los muros se revisten de cal desleída en agua con una ó dos semanas de anticipación............... la cual se extiende con una llana hasta incorporarla con la obra[26]. Para los techos se colocan maderos labrados ó sin labrar, sobre los cuales se extienden la cal y tierra que se aprieta con pisones...
»El ornato y embellecimiento de las casas constituye un ramo del arte. Consiste en aplicar sobre el muro figuras en relieve hechas de yeso cuajado con agua, el cual se vacia sobre un modelo dado, dispuesto con punzones de fierro, y se acaban dándoles un bello y agradable pulimento. También se revisten los muros de mármoles en planchas, ladrillos vidriados, conchas y porcelanas.................. lo cual les da el aspecto de un parterre adornado de flores...»
Y más adelante dice, que los magistrados acuden á los alarifes cuando se trata de edificios, en las particiones de fincas, en las alineaciones, reparto de aguas, fortaleza de muros exteriores, etc., etc., como en los tiempos de las ordenanzas del siglo XVI; cuyo adelanto existió siempre entre los árabes de Andalucía.