Pero pasando esta puerta cuadrada, forma que recuerda al Egipto y que principia á verse cuando va entrando en desuso el arco de herradura, nos hallamos en el principal patio del Alcázar, dando un rodeo para evitar que desde la calle se vea el interior, el cual ya nos ofrece un conjunto extravagante de líneas que debemos comparar con las del arte pagano y gótico. Las columnas pareadas de los cláustros, los cubos apoyados sobre los capiteles que principian á indicarse y se prolongan hasta recoger los apoyos de frisos, cornisas ó aleros de alfarges; los capiteles con volutas y hojas, pero despegándose por la parte superior mediante un moldurón, escocia ancha que más tarde domina en la Alhambra; una cornisa bajo un antepecho ó balaustrada y un corredor como el de cualquier edificio, descomponen toda posible armonía. En sus detalles[28] se nota la hoja picada con globulitos de los de la capilla de Villaviciosa; las piñas y hojas anchas laboreadas con menudas venas de procedencia bizantina; los fondos cruzados y grecas finísimas, y por último, basamentos de alicatados muy hermosos, que han sido copiados de monumentos construídos á principios del siglo XIV. Raro conjunto que recuerda las obras moriscas de Fez, principalmente en los arcos lobulados; pero que se olvida muy pronto en la forma apuntada, ogival, y en la semicircular con jambas prolongadas, que acusan los grandes y centrales arcos de los cenadores. En Marruecos, Túnez, Cairo, Bagdad, en todo el mundo recorrido por los árabes, se hallan cosas semejantes á las muy repetidas del Alcázar de Sevilla, y precisamente por esta confusión es por lo que carece del acento clásico que hemos indicado, y le asignamos el carácter de transición, aunque del más remoto período.
¿Qué otra cosa significa, que en el patio llamado de Las Muñecas se vean ornatos finísimos empleados de cualquier modo en las últimas restauraciones, procedentes del palacio árabe de Granada, traídos aquí para colocarlos sin criterio[29] y haciendo armonía con otros que corresponden á la infancia del arte? Y lo mismo que se ha hecho ahora en el Alcázar se ha venido haciendo desde la conquista; vicio de que se ha librado la Alhambra, porque como aquel monumento no sufrió la gran transformación que á éste le hizo experimentar D. Pedro I de Castilla para arreglarlo á las comodidades de la corte cristiana, no se ha visto expuesto á ser habitado frecuentemente por elevados personajes que han dispuesto de gruesas sumas para reconstruirlo á su capricho.
Los trabajos amedinados de los techos son magníficos, porque en ellos principia á comprenderse cuánto el arte cristiano dió de majestad y grandeza á esas complicadas y minuciosas ensambladuras de los edificios más genuinamente musulmanes, cuando en los templos se principiaban á hacer ricas cubiertas de tirantes ó alfardas caladas, con hornacinas, cúpulas ó almizates, figurando rombos, estrellas y florones de lazos, cuyo hermoso trabajo no ha tenido rival nunca ni aun en las techumbres góticas de los edificios bretones del siglo IX; no es, pues, extraño que aquí hallemos ejemplares más hermosos que en otros edificios, cuando las bóvedas de colgantes de pequeñas estalactitas no habían tomado su completo desarrollo, y las trazerías de las puertas, siempre espléndidas de labor é incrustaciones, brillaban en este palacio realzándolo extraordinariamente[30]. Nótase aquí, que cuando los techos van teniendo cierta magnificencia y lujo, menos clasicismo se advierte en la decoración; y como en Fez, se cubren las paredes de tapices en vez de realces de yesería, y entonces se emplea más oro en cornisamentos, anchos frisos, bóvedas, linteles y coronaciones, mientras quedan lisas las paredes, como en las construcciones mozárabes. Había, por consiguiente, una mezcla de géneros, y tal confusión de ideas, que en ninguna parte se ven como aquí las ventanitas caladas de forma cuadrangular, interrumpiendo las líneas generales de la decoración; y en otros casos muros tapizados de arabescos, tendidos como tiras ó retazos de alfombras ó mantas de vivísimos colores que interceptan los grandes paños, produciendo un general aspecto rico y variado, pero nada sencillo, razonado y elegante, que son las condiciones propias del arte en las épocas de mayor cultura.
Recorriendo este Alcázar no se ve otra cosa más que la continuación de salas cuadradas que se repiten casi con iguales formas y dimensiones, y sólo varían algunas veces en la composición de las trazerías de los arabescos; estancias sin abrigo, sacrificada en ellas la comodidad á la simetría y alineación de las puertas en los ejes centrales, disposición que no ha podido ser agradable en ningún tiempo. Llegamos á la principal tarbea, la más suntuosa, compuesta desde su zócalo de azulejos hasta la faja de retratos de reyes cerca del anillo de la techumbre, de clásicas líneas con recuadros y anchos frisos, cuyo aspecto sorprende, y cuyos dorados deslumbran; pero á poco que se reflexione se nota cuán extraña aparece esa línea horizontal de ventanitas á media decoración, sin que inmediatamente sobre ellas no arranque la bóveda y cornisa; la total altura del decorado que pudiera servir para dos salas, si se interceptase con otro suelo ó piso, pues esta clase de ventanitas debieran dar esa luz de arriba que se derrama melancólica y tibia en todas las estancias moriscas.
Jarro árabe.
EL PALACIO
En el año 567 de la Egira (que comenzó el 2 de Setiembre de 1171), según texto árabe, se empezó la obra de este Alcázar[31] por el Sultán Abu-Yacub-Yusuf, el cual construyó al mismo tiempo un puente sobre el río Guadalquivir compuesto de barcas, y restauró las murallas. El mismo rey abasteció de aguas á Sevilla, traídas del castillo de Chaber, en cuyas obras y otras muchas gastó sumas considerables. En el mismo texto hallamos que cerca de este Alcázar construyó la novísima Aljama, que se terminó el mes de dulhicha de aquel año; habiendo sido el primero que predicó en ella Abulcacín Abderrahmán ben Giafir de Niebla. De cuyo dato se deduce que si se hicieron en Sevilla otros alcázares en más antiguos tiempos, debieron haber sido construídos en otros parajes ó quizá sobre los vestigios romanos.
Por más que se acierte en la fecha de 1353 á 1364 que se da á la reconstrucción de este Alcázar, no se ve en él la huella del género árabe granadino que por aquel tiempo levantaba el Patio de los Leones, tan diverso en su estructura y en la finura de sus ornatos.