«Dios, mi rabí».

En el dormitorio llamado de los Reyes Moros, entre otras conocidas, aparece:

«¡Oh exclarecida morada nueva. Fué aumentando tu esplendor dichoso por el brillo permanente de la mayor hermosura. Así escogido (dónde) se celebran las fiestas. Él (es) amparo y régulo de todo bien, manantial de beneficios y sustento de valor! Para tí...»

Como dijimos al empezar este capítulo, serían interminables las repeticiones si continuásemos insertándolas, por lo que suspendemos el hacerlo, dadas las principales inscripciones, para ser menos molestos al lector.

MURALLAS, PUERTAS, TORRES
Y OTROS MONUMENTOS

Difícil tarea es la de indicar siquiera esa multitud de baluartes que la dominación muslímica levantó en Sevilla sobre las ruínas fenicias y romanas, para defenderse á falta de montañas en sus dilatas llanuras y á las orillas del río más caudaloso del Andaluz. Cuentan la existencia de muchos palacios en sus cercanías, de los cuales apenas existen ligeros vestigios, y que sirvieron de deleite y recreo á las diversas familias dinásticas que por conquista los poseyeron; pero siempre aparece como morada principal, el que hoy se conserva, profundamente modificado desde que lo habitaron el rey D. Pedro y sucesores. Éste se extendía ocupando un inmenso recinto que llegaba con sus jardines y muros defensivos, hasta la torre del Oro, frente de la cual había un puente de barcas perfectamente amarrado, que mandó colocar Yacub en 567 de la egira, y donde construyó una puerta llamada de Cheuhar, desde la que se bajaba al río por medio de anchas gradas y muelles[35]. El sitio designado en la crónica concuerda con los edificios modernos; pero no estará demás citar un suceso en corroboración de aquel texto.

Varios historiadores árabes refieren esta bella aventura:

«Paseándose un día Almotacid en el Prado de Plata March-Afida, situado en las márgenes del Guadalquivir, aconteció que la brisa rizó las aguas del río y Almotacid improvisó este primer verso:

«La brisa convirtió el agua en coraza».

Rogado el poeta Abenamar para que lo concluyese, y no encontrando una réplica instantánea, dijo una joven del pueblo, que se hallaba en la misma orilla: