«Yacub Almanzor, el año de 593 (que empezó el 23 de Noviembre de 1196) terminó la Aljama y levantó la Torre, cuya manzana hizo hermosísima y de tal magnitud, que no cupo por la Puerta de los Almoedanos, hasta que tuvieron que quitarse los mármoles de ella para darle más cabida; y el peso de las columnas que sustentaban la dicha manzana era de 40 arrobas de hierro. Abuleit Alocaili, el inspector de la obra, fué quien la construyó y elevó á la parte alta del alminar. Aquel mismo monarca fué el que mandó construir la fortaleza de Giznalfarache.» etc., etc.
En otras iglesias y torres se halla el estilo mudéjar propio de las transformaciones que han sufrido. La de Omnium Sanctorum ocupa un distinguido lugar. Las de San Nicolás, San Marcos, Ermita de la Virgen, Santa Catalina, Santa Marina y otras muchas ofrecen curiosos ejemplares de purismo y transición; porque en estos tiempos sirvieron muchos en casos alternativamente de iglesias y mezquitas en un período de cinco ó seis siglos, tiempo suficiente para señalar las modificaciones del arte árabe.
Existen en Sevilla y otras poblaciones obras tan importantes bajo las influencias mahometanas, que hasta el gótico sufre modificaciones sensibles, como se ve en los raros ejemplares de un dilatado período de cuatro siglos, los cuales carecen de carácter propio y han tomado formas características de los materiales usados en ellos, principalmente por los finos ladrillos que se emplearon.
Ajimez, en Málaga.
En Écija, Ronda, Jaen, Málaga, etc., hay multitud de estas interesantes construcciones de ladrillos y agramilados, que constituyen un brazo importante de ese arte que arraiga en la más remota antigüedad, y que se ciñe á las diversas transformaciones de los tiempos y del genio de las distintas razas.
Como la Torre de D. Fadrique, hay restos de otras muchas, ya en ruína, que fueron minaretes ó fortificaciones, los cuales suelen ostentar ajimeces, arcos de herradura, almenas é incrustados curiosos para los artistas, porque no han sido restauradas como la Torre del Oro para que desaparezca el hermoso color que el tiempo les imprime. Su forma poligonal de ocho caras debió decorarse como otras de la antigua Palermo, con un orden de galerías simuladas, cobijando tragaluces de arcos bizantinos repetidos y pequeños, y terminando con la crestería acostumbrada como obra de defensa.
Procesión, Sevilla.