TIEMPOS CRISTIANOS DE SEVILLA

Como hemos hecho en Córdoba, citaremos algunos monumentos cristianos que no pueden olvidarse por su importancia, y que en muchos casos sostienen la influencia histórica sobre la comparación ilustrada de la época árabe. Raro es no hallar en ellos un vestigio, un recuerdo ó un capricho de ornamentación que no nos traiga á la memoria aquel estilo.

La catedral es gótica de decadencia, perteneciente al comienzo del siglo XV, pero majestuosa en sus elevaciones y colosal en el grupo de construcciones diversas que encierran sus robustos apoyos. No tiene en verdad la gallardía de la de Burgos ni de la de León y otras del Norte, pero está cubierta de bóvedas atrevidas, crucero, formaletes, contraestrivos y de un centenar de empujes tan bien distribuídos, que su construcción nada deja que desear. Prescindiendo de algunos florones y pináculos de un adorno poco original, bastardeado por las influencias mozárabes, tiene tres magníficas puertas en su frente, bellas y bien labradas, con notables esculturas, hornacinas y umbrelas del mejor gusto. En vano se esfuerzan Cean Bermúdez y otros por hallar el arquitecto que las inventó y plantilleó, nunca se halla; pero en cambio aparecen muchos maestros, desde Pero García hasta Hontañón, que todos depositaron en su recinto las fantásticas obras de los tiempos.

Tiene de longitud 378 pies y de latitud 254, dividida en cinco naves con nueve puertas, algunas empavesadas con bajos relieves y estatuas de barro cocido. Los grandes pilastrones ó columnas bareteadas en número de 36, sostienen 68 bóvedas, entre las que se halla la del crucero, más alta que las otras. La capilla mayor se halla cerrada por su espalda con un muro ornado de estatuas sobre repisas del año 1522, y por el frente tres elegantísimas rejas platerescas, presentadas en 1523 por Idrobo, que las remató.

Planta de la Catedral de Sevilla.

El altar mayor es un retablo gótico tallado en madera y principiado por Dauchart en 1482, con hermosas figuras representando pasajes de ambos Testamentos, hechas, según Bermúdez, por Alemán y Alejandro. Esta capilla tiene una sacristía con esculturas y lienzos notables. El pequeño tabernáculo de plata es de Alfaro (1596). El coro, colocado en la 4.ª y 5.ª bóveda de la nave central, tiene hermosas verjas platerescas como las anteriores y sillería gótica de conocidos autores, así como el facistol y los libros, que son interesantes. Deben verse las pinturas de Murillo, Céspedes y Pacheco que hay en la sala Capitular, así como esta construcción. Lo mismo debe visitarse la sacristía mayor, no por el interés que ofrecen sus muros, sino por las excelentes obras de arte que encierra, del pincel de Murillo, el famoso tenebrario de Morel, la custodia de plata de Juan Arfe, los viriles, la llave del moro que entregó la ciudad, las tablas alfonsinas y otras preciosidades.

No olvidemos la sacristía de los cálices, donde está el magnífico crucifijo de Montañés, una Dolorosa de Morales y Santos de Goya.