palacio de San Telmo, colegio de Marina, del siglo XVII, estilo barroco y decadente, hoy restaurado y lujoso en poder de los Duques de Montpensier; el del Arzobispo, de igual época y sin interés arqueológico; la iglesia del Salvador, donde hay esculturas de Montañés; la Universidad; Santa Ana, iglesia gótica; la torre árabe de San Marcos; de Santa Marina, con otro alminar; San Martín, San Pedro y otras con numerosas obras escultóricas que abundan en Sevilla, y pinturas de una brillante escuela de color que no se halla en parte alguna. Véanse, si no, los cuatro cuadros de Murillo que hay en el Hospital de la Caridad; los de Leal, Atanasio, Cano, Herrera, Pacheco, Rodas, Valdés, Zurbarán y otros muchos que se hallarán en el Museo provincial, cuyas galerías encierran la más rica colección de pinturas de Murillo, y cuya fama es superior á todo encomio. Por esto sólo merece Sevilla ser visitada con entusiasmo.
Gótico mudéjar.
En este mismo Museo hay una colección de objetos arqueológicos traídos de Itálica, antigua población romana que se encontraba á una legua de Sevilla, y de la cual no se contempla hoy más que un inmenso circo de tres cuerpos de anfiteatro levantados con muros y bóvedas de cuatro metros de espesor, cuya obra estaba revestida de sillerías y decorada de mármoles y estatuas. La Comisión de monumentos cuida hoy de conservarlo. Recomendamos su grandeza é importancia.
Fachada del Hospital, Sevilla.
Son innumerables los objetos de construcción que, procedentes de Itálica, hay repartidos en toda esta comarca, la mayor parte utilizados por los árabes en sus mezquitas y casas, dando á la estructura un carácter especial de romanismo del peor tiempo, que rebajó la forma de los arcos y produjo la doble construcción de éstos y la reducción de los techos. Esos vestigios se ven también en las obras de los siglos XII al XV, en la fábrica de la Catedral y en muchos conventos y capillas.
Casa-Ayuntamiento de Sevilla (Renacimiento).
Después del Renacimiento, Sevilla ofrece un plateresco excepcional, enriquecido de esmaltes y con multitud de fajas, pilas, zócalos y frontispicios hechos de azulejos y ladrillo rojo que no se ve más que en algunos puntos de Italia, pero que aquí forma el exclusivo tipo al cual se subordinan todas las obras de no lejano período; estilo nada bello, si bien es caprichoso y sensible á las trazerías mudéjares con las siluetas absolutamente churriguerescas. Los ornatos de piedra y yeso entremezclados á los esmaltes y ladrillos justifican este calificativo.