Hay todavía en esta población el testimonio de la influencia gótica cuando el árabe desaparece y se entrega poco á poco á la inspiración ojival, envolviéndose en sus hornacinas, acentuándose en los tímpanos con cartelas de leones y matacanes con lóbulos y pirámides estriadas, y rebajando los arranques de los arcos á la usanza musulmana. Las portadas, claraboyas y rosetones de algunas iglesias están levantados con ese estrecho espíritu de transición tan notable como raro que hemos observado en tres ó cuatro puertas de otras tantas iglesias de los siglos XIII al XIV verdaderas curiosidades arqueológicas, tanto aquí como en Córdoba y pueblos circunvecinos.
Falta á esta ligera revista una mirada de admiración á la antigua casa de Ayuntamiento, donde un estilo fastuoso de reminiscencias paganas y piadosas, fantástico hasta lo sumo y altamente delicado y artístico, se ostenta bellísimo más por el ornato que por las proporciones. El Renacimiento de Sevilla protesta del fatalismo mahometano, se levanta risueño y lleno de esperanzas como la civilización que le da aliento; no pide á ninguno de los estilos de la Edad Media alimento para decorarse; busca el clásico de edad más remota y se manifiesta en este edificio sin concluir, rico de imágenes y potente para ataviarse; es un ejemplar digno de toda alabanza que el tiempo destruirá sin que se haya reproducido en lo que se construye nuevamente para completar la fábrica de todo su plan y alzado.
PARTE TERCERA
ÚLTIMO PERÍODO
DESARROLLO DEL ARTE ORIENTAL EN ESPAÑA
Era tanta la ignorancia en ciertos tiempos sobre la cultura de los árabes españoles, que autores cristianos suponen las mezquitas adornadas con ídolos como los templos paganos; y á juzgar por los romances de la Edad Media, era tal el criterio sustentado sobre las ciencias de los mahometanos, que se atribuía no á hombres, sino á una legión de demonios el poder y la magia ejercida por el genio de los nuevos dominadores de España. ¡Y qué mucho si aún en nuestros días no se ha olvidado ese don misterioso de profecía que se atribuye al Calendario, cuyo libro es siempre el que más se encuentra en la mayor parte de las casas españolas! El manak[41] que habían difundido los árabes por toda Europa, se inventaba por astrólogos españoles, los cuales adquirieron inmensa y diabólica fama de sobrehumana inspiración. De tal modo era temida la ciencia de algunos cristianos que habían ido á aprenderla en las academias y universidades de Córdoba y Sevilla, que más de un sacerdote perdió al volver á su país la facultad de mandar comunidades religiosas, y aun corrieron algunos riesgo, en momentos de calamidades públicas, suponiéndose éstas ocasionadas por los maleficios de esos sabios sospechosos de malas artes[42]. Hasta los albores de las ciencias químicas que habían de desarrollarse en el cerebro de Nostredamus, Raimundo, Kiot, etc., buscaban en España el éxito que más tarde había de dar tan pasmosos resultados; y hasta los prodigios que principiaba á revelar la ciencia astrológica y la conformidad en muchos casos con los pronósticos que una azarosa experiencia había arrojado en sus libros, fueron causa de que adquirieran un influjo, al cual no ha podido escapar la civilización moderna. Las ciudades principales de España fueron, pues, el emporio de las ciencias físicas y astronómicas; y si ignoramos el número de franceses, alemanes é italianos que venían á estudiar á Córdoba y Toledo, ó si el Papa Silvestre II recibió en Barcelona y no en Córdoba su instrucción, lo cual podrá ser discutido eternamente por los corifeos de ciertas escuelas, sí sabemos con exactitud que la ornamentación árabe se copió en Italia, Francia y España, demostrando la intimidad de las relaciones internacionales, y que cuando se conquistó á Granada pasaban de 25.000 los extranjeros que residían en el reino, enriquecidos del tráfico con Venecia, Marsella, Constantinopla, etc. Las pinturas de la Sala de Justicia, confusamente atribuídas á artistas cristianos del siglo XIV, nos indican cuán fácilmente pusieron en ejecución obras, que sin el trato común con los extranjeros, les hubiera sido imposible ejecutar. ¿Por qué, pues, poner en duda que la nigromancia se aprendía en Toledo en el siglo XI, únicas escuelas á donde venían á estudiarla jóvenes de Suavia y de Baviera?[43] Si tal menosprecio se ha querido hacer de las ciencias químico-físicas de los árabes, debería haberse empezado por destruir los monumentos, quemar sus libros, los pergaminos de realce, romper los esmaltes y sus barros cocidos, borrar los colores de sus telas y los que se ven en los muros de sus casas, y sobre todo descubrir si en el resto de Europa se fabricaba con más perfección ó había más recursos industriales y mecánicos que los desplegados por ellos.
Sin aducir textos de obispos[44] ni de otros no menos venerados autores, porque no intentamos sacar las pruebas de lo que exponemos fuera del dominio del arte y de la industria, sucedía entonces lo que acontece ahora con ese prurito de buscar en París y Londres alivio á males incurables, recetas á métodos desconocidos de fabricación, y aliciente á las empresas científicas. Monarcas de León y de Asturias trataron y utilizaron sabios árabes de Córdoba y Sevilla; y Gobmar escribió en árabe historias para que se aceptaran en la corte de Hakem II. Aparece, verdad, que estas cordiales relaciones eran entonces como ahora sostenidas principalmente por las familias aristocráticas en lo que se refiere á las monarquías españolas y árabes, y que el pueblo visigodo en general, tenía antipatía á los dominadores.
Si después de la toma de Toledo por D. Alfonso es cuando, según los datos de algunos autores, principia á ser visitada por extranjeros y por clérigos españoles esta ciudad, para adquirir conocimientos sobre la hechicería, la alquimia y el álgebra, queriendo demostrar que no se debía á los árabes la enseñanza de tales ciencias, este error supone á nuestra vista poco conocimiento de aquella civilización y del organismo de la sociedad mahometana en contacto con los mozárabes, ni de los auxilios que de judíos y muslimes recibieron las cortes de D. Jáime y D. Alfonso, ni de cómo era considerada la lengua sabia del Korán, no habiendo otro genio en las artes que el inspirado por las obras de los muslimes, según puede verse todavía en los raros objetos de aquel tiempo, conservados á duras penas entre nosotros.