Observando el plano que publicamos entonces y acompañamos á este libro, se puede ver el espacio ocupado antes, desde la dicha puerta hasta la Alhambra alta, que después fué convento de San Francisco. Hay todavía restos soterrados de muros más antiguos que la cerca de Alhamar, los cuales se hallan todos en el indicado espacio, á cinco y seis metros de aquélla por la parte interior en el lado Norte, y por fuera en el lado Sur.
Reunió, pues, Alhamar el Magnífico, bajo un recinto, las construcciones que existían aquí de diversos tiempos, y estableció en ellas el imperio de su grandeza; construyó hermosas puertas principiando por la de Bid-Algodor ó de los Pozos[52], que es la que llamamos hoy de los Siete Suelos, y entonces era la que estaba más próxima á los silos que se hicieron para guardar las cosechas en los tiempos de escasez ó de guerra, y dejó para el no menos grande Yusuf otras construcciones como la de la Justicia y la torre que había donde hoy está la puerta de los Carros, de la cual quedan algunas referencias que constan en los legajos del archivo, donde dice haberse reparado y estar habitada en el año 1586 por un capitán de las cien lanzas del conde de Tendilla. No puede negarse, conocido el estilo de estas puertas exteriores, que es diferente su construcción á la de la Puerta del Vino, la cual se parece más bien por su fábrica á la puerta Monáita, y por sus inscripciones, que no citan rey alguno, como generalmente se hacía en las obras que no fueron mandadas construir por los sultanes.
Las obras de adarves y viaductos de todas las torres en comunicación oculta con el palacio y alcazaba, el aislamiento de éstos y sus defensas por dentro del fuerte, todo está demostrando que al elegir este sitio para morada de la corte en los dos últimos siglos, se contó con una población que ya existía, la cual quedó así como aprisionada y comunicándose con la ciudad sólo por las únicas tres citadas puertas, pues las del lado Nordeste eran de uso exclusivo de la fortaleza y los palacios.
Con la numerosa población de la Alhambra alta, nombre dado en los tiempos del emperador Cárlos V[53], se citan la Plaza de los Pablas, ocupando el sitio del palacio que fundó aquel monarca, y las dos torres del Homenaje, una que era la actual de los Picos, y otra la de las Prisiones sobre el Cubo, y un numeroso caserío que existía tan apiñado, que en el año 1539 se prohibió á sus habitantes que moraran en los baluartes y palacios. El Partal lo habitaba un moro que, con otros, levantó rebelión y le fueron confiscados sus bienes, los cuales se hallaban dentro de los alcázares cerca del huerto de Astasio Bracamonte, escudero del marqués de Mondéjar, donde hoy se halla la mezquita.
Fué tan grande la población que siempre hubo en la Alhambra, antes de que fuera corte mahometana, en tiempo de ésta y después de la conquista, que no se halla un palmo de terreno donde no se encuentren cimientos de casas y palacios antiguos, en los que se emplearon tal vez enormes sumas, pues los sultanes gastaban en obras continuas sus rentas de ciento sesenta mil ducados anuales, enorme cantidad para aquellos tiempos; y después de la expulsión sarracena se emplearon no menores en transformar, coronar y revestir baluartes, adquiriendo dominio sobre fincas pertenecientes á habitantes moriscos cuya posesión era muy antigua.
Fué, por último, para convertir la población árabe al culto cristiano para lo que se cedió un palacio ó mezquita en 1492, donde se estableció un convento de Franciscanos con este fin. Todo está demostrando que existía desde muy antiguo una ciudad ó villa fortificada donde se sucedieron dominaciones sucesivas que arruinaron y levantaron obras sin concierto ni uniformidad, cuyo carácter, transcurriendo siglos, había de imprimir á todo el sitio el pintoresco y variado panorama que tanto se admira hoy.
Puerta Judiciaria.
Concretemos nuestra descripción al trazado del plano que acompañamos al final, hecho en 1865; y entremos en la Alhambra por la puerta árabe que abrimos no ha muchos años en el lado Norte de la alcazaba bajo la Torre de las Armas, la cual era una de las principales y de más directa comunicación entre el Albaicín y la Fortaleza por un puente elevado para cruzar el río Darro. Desde el núm. 54 en dicho plano se indican restos de murallas inclinándose hasta ganar la altura de dicha entrada por el núm. 46, y siguiendo un camino y adarve completamente trasformado hoy, que iba cortando el cubo muralla del núm. 43, por la línea de puntos que se dirige al palacio árabe. El cubo referido es obra posterior á la conquista; observándose que el piso de la entrada de la Torre de las Armas está casi al mismo nivel de la puerta antigua del palacio árabe que hemos ahora descubierto, y de la que hablaremos luego. Se ve fácilmente que suponiendo con fundamento construídas después de la conquista las dos grandes cisternas ó aljibes que se señalan de puntos con el núm. 7, hay un espacio vacío ó gran plaza inscrito en la línea de los núms. 53, el 37 y el 42 por un lado, y las torres 44 y 45 por otro, donde se han encontrado cimientos de construcciones árabes y modernas, y un aljibe, núm. 8, de bóvedas, á tan gran profundidad, que aun suponiendo rebajado el pavimento de este espacio, como indudablemente lo estaría, cinco metros, siempre resulta el aljibe en el plano correspondiente de profundidad para el objeto de nuestras investigaciones. Hemos visto además de los cimientos citados, que el terreno de todo este sitio está compuesto de ruínas y de escombros procedentes de la construcción del palacio del Emperador, cuyo edificio, núm. 9, suponiéndolo no hecho, dejaría á descubierto la línea que va desde la Puerta del Vino, núm. 5, hasta el 9, donde habría una muralla que separaba una parte de la Alhambra que llamamos alta, y el citado espacio de la Plaza de los Pablas, hoy de los Aljibes. Esta denominación consta en algunos escritos antiguos que se hallan en el archivo del Real Patrimonio.
Fijaremos, pues, las ideas demostrando que la Puerta del Vino servía de paso ó camino á una población separada completamente de la Casa Real, y que se comunicaba con la ciudad por la Puerta Judiciaria exclusivamente, núm. 3. De este modo, la habitación de los monarcas, el harem y todo ese recinto de palacios, parte conservados y parte no, que hay bajo la línea de puntos hasta el núm. 55 que hemos señalado, era independiente, cercada de un foso por el Sur, de murallas y bosques por el Norte y Poniente, tenía sus comunicaciones privadas con Generalife y otros sitios de recreo en la Puerta de Hierro y Torre de los Picos, números 28 y 29, y con la ciudad antigua por la Torre de las Armas, núm. 46, bajando á pasar el río Darro por el puente árabe ya indicado, cuyos restos se ven todavía.