La llave que hay grabada en la clave de la Puerta del Vino, indica bien, según la costumbre musulmana, que era la puerta de una población separada de la Alcazaba ó recinto comprendido en los núms. 43 al 50. Este fuerte ó ciudadela, llamado Alhizan, está completamente defendido por todos sus lados, dejando aislado ese tercer espacio ocupado por el palacio de los reyes moros, con su especial ingreso inmediato al núm. 37. Véase, pues, detenidamente cuánto varía con estas investigaciones el aspecto y distribución del conjunto y cómo se le desnuda de las trasformaciones colosales que sufrió en el siglo XVI.

Puerta del Vino.

Hemos dicho que había una población numerosa en la Alhambra alta, extendida hasta su extremidad del lado de Oriente, en la cual se comprendía la Casa de la Justicia que ocupaba lo primero entrando por la Puerta del Vino, la Casa del Cadí, cuyos restos existen, la Gran Mezquita, las casas de los Abencerrajes, cuyos nombres están citados en el legajo 24 y que estaban contiguas á las que poseyó Don Álvaro de Luna, la Casa de los Infantes, luego convento de San Francisco, y el campo hoy cubierto de escombros, núm. 24, donde hemos hallado los cimientos de las líneas de casas y calles que se han dejado arruinar. Era el pueblo que hay siempre al lado de las cortes musulmanas, compuesto de soldados de fortuna, de ulemas, de santones, de sultanas olvidadas, de hijos y parientes de reyes que viven de las rentas de la Corte, y que su elevada ascendencia no les permite ir á habitar entre el ruido y menudo comercio de los traficantes y artesanos, que se agitan en las calles estrechas de sus populosas ciudades.

Añadiremos que esta población aristocrática estaba como ceñida por una segunda muralla exterior, cuyos restos descubrimos y llevan la dirección indicada en la línea de puntos que parte de la Torre Judiciaria, pasa por los números 11, 15, 16, 17 y 18, y luego vuelve á verse en el 21, 22 y 23; camino cubierto á trozos que daba vuelta y seguía toda la circunvalación de murallas y torres, poniendo toda la fortaleza á disposición de la fuerza armada sin tener que atravesar la parte poblada del recinto. En algunas excavaciones que hemos hecho desde el núm. 11 al 18, hay restos del camino cubierto, y por el lado de la Torre de las Infantas y de la Cautiva, están á la vista algunos trozos de este viaducto. Las puertas de la Torre de los Siete Suelos y de las Cabezas, hoy visibles, están abiertas al nivel del fondo de dicho camino de circunvalación.

Los restos de la casa del marqués de Mondéjar son cimientos de los edificios que desde el palacio alcanzaban hasta la Puerta de Hierro (del Homenaje antiguamente) y nótase en todo este espacio, que si bien se han arruinado las construcciones que en él se encontraban, á juzgar por los innumerables restos que se hallan enterrados, distínguese un cuadrilongo bien prolongado que es un dilatado estanque de los que construían en el centro de los patios muy semejantes al de los Arrayanes. Siendo por ello acertadísimo suponer reducida la extension de estos pequeños alcázares; uno de los cuales, según las gentes refieren, era el palacio de Muza, recostado sobre las murallas, alfombrado por estanques, surtido por fuentes abundosas, limitado por estancias pequeñas que el tiempo ha arruinado ó convertido en montones de escombros, y cubierto de tierra en su mayor parte para sembrar en ella las hermosas flores que hoy descubre en lugar de los ricos y lucientes arabescos.

No hace medio siglo todavía que la Alhambra ocultaba bajo una numerosa población de tejedores de seda, alfareros y soldados veteranos, los vestigios incoherentes de la civilización muslímica, hasta el punto de no poder distinguir en ella lo que correspondía á los alcázares y fortalezas y lo que poseía esa multitud de familias pobres que la poblaban.

Bajo ese aspecto de grosero abandono se ocultaban lo mismo las obras de los árabes que las de los cristianos, y unas y otras principiaban á desmoronarse y confundirse de tal modo, que había llegado el tiempo de que no fuera fácil clasificar los edificios de cuatro civilizaciones que se habían alzado sucesivamente en ellas, representando la primera: La Alhambra alta y una antigua muralla interior que llegaba á la puerta del Vino, con un castillo aislado sobre el Mauror, bajo las torres de la Vela ó inmediatas; la segunda: ensanche de la Ciudadela ó Alcazaba, constituyendo un fuerte, al cual se entraba por la torre de las Armas, pasando estrechos viaductos según está indicado todavía, y uniendo este fuerte avanzado y la Alcazaba con la puerta del Vino por medio de la otra que había inmediata, llamada la Real, cuyos cimientos existen y la cual era entrada que comunicaba inmediatamente al bosque, antes que se construyera la de Justicia; tercera: el recinto exterior de esta puerta hasta Torres Quebradas, algunas de las del Palacio, las Cubbas del Panteón árabe y todo el exterior hasta los muros de Generalife, con acequias que elevaban el agua y se perdieron después, quedando la más antigua, que es la que todavía existe; la cuarta, por último, principia en la conquista y concluye en Felipe II, reconstruyendo murallas y haciendo nuevas, derribando almenas y sustituyendo tejados y malecones horizontales, revistiendo de piedras las argamasas de los cubos moriscos, sustituyendo lo viejo con lo nuevo é introduciendo la brocha del blanqueador en los entrecijos de las labores mahometanas.

Estos cuatro períodos se descomponen en doce siglos que dejan huellas indelebles; primero: en los cimientos imitados de las ruínas cartaginesas y fenicias, fraguados de piedras quebrantadas y mortero petrificado de sorprendente dureza, siglos VII y VIII, lo cual hacían con pura piedra de la más dura que tenían á la mano, y dividiéndolos en lechos horizontales, cortados perpendicularmente á largos tramos, como si figuraran los sillares ciclópeos de los monumentos asirios[54].

Segundo: período constructivo de piedra rodada y de escombros de acarreo, mezclados sin afinamiento á la cal y uniendo los ladrillos en tandas alternadas con piedras grandes ó restos labrados de construcciones más antiguas, como se ve en la Puerta del Vino, en las torres frente de Generalife y en los derruídos Alijares, cuya obra solían cubrir con agramilados de ladrillos y almadrabas.