Debemos también consignar que según la astrología arábiga, ciencia tan enlazada á toda la teología mahometana, la mano conjuraba los maleficios, y cuando se colocaba en la forma que aquí tiene, ahuyentaba á los demonios. Era una especie de talismán que llevaban en Granada casi todas las moriscas, y que produjo una Real cédula de la Reina Doña Juana, año 1526, prohibiéndoles severamente que se colgasen estos amuletos con letras árabes en ninguna parte del cuerpo. Años y siglos después de la Reconquista se ha creído por el vulgo en la eficacia de estos remedios, y en nuestros días hemos visto á muchos niños con manecitas de marfil colgadas al cuello.

Pilar de Carlos V y Puerta.

Los geroglíficos que heredaron los árabes de los egipcios, figuraban la mano en la forma que tiene en este arco, como atributo de fuerza; los árabes la creían mano de Dios, y explicaban la ley muslímica compendiada en la mano como unidad, los cinco dedos como preceptos primordiales y las coyunturas como las modificaciones de estos preceptos. Nos inclinamos á que aquí significa siempre defensa poderosa contra los enemigos en cualquier forma que tratasen de forzar la entrada.

El arco de salida de esta torre, por el reverso ha estado cubierto y desfigurado hasta el año 1858 en que lo descubrimos, hallándolo tan mutilado como se observa. Sus enjutas son de esmaltes sobre relieves de arcilla, y su construcción de ladrillo agramilado rojo, formando festones de bella combinación. Es uno de los vestigios más interesantes de esta hermosa torre[55].

Puerta del Vino.—Plaza de los Aljibes.

Al pasar la calle que hay detrás de la Torre Judiciaria, se nota á la izquierda y en el muro antiguo, un revestido de hiladas de piedras en cuyo grueso conservan labor de cintas enlazadas, á semejanza de las que había en los monumentos que hemos citado de la segunda época. ¿De dónde han sido arrancadas estas piedras para restaurar las murallas? Colocadas muchas en parajes modernos y renovadas en los tiempos nazaritas del siglo XV, debían proceder de construcciones arruinadas antes de la Reconquista, y dan lugar á suponer si el primer incendio de que nos habla vagamente un legajo del archivo, destruiría el edificio de donde proceden, como también podían ser de la Gran Mezquita que se derribó para hacer la iglesia de Santa María. Hemos estudiado la forma de estas piedras y todas son iguales en espesor y en ornato; parece como que guarnecerían, á manera de fajas, las principales torres por debajo de las almenas, y que al derribar éstas las arrancaron para reemplazarlas con el remate albardillado de sillería que tienen hoy. Existe en la Torre de los Picos un filete, aunque en figura de escocia, que nos induce á suponerlo así. Añadiremos sobre estas antiguas fajas de piedra, que los persas las usan mucho en las fachadas de las mezquitas, puestas en hiladas como se colocan los ladrillos, y después de haberlas labrado tan minuciosamente como aquí se ven. Las llamaban Kiddan, y son adornos de procedencia asiria.

Siguiendo la referida calle se encuentra la plaza que hoy se nombra de los Aljibes y antiguamente del Pablar, situada á una altura de cerca de 450 pies sobre el nivel del centro de la población; á la derecha se levanta una antigua puerta de arco de herradura, decorada por ambos lados y con tanta belleza, que es uno de los mejores ejemplares del estilo clásico, sujeto á dos maneras de construir: una con los más finos arabescos de tierras vidriadas en colores hermosamente combinados, y otra de sillarejos angostos muy bien cortados y distribuídos con admirable precisión.

En la clave del arco exterior hay grabada la forma de una llave, emblema de puerta de ciudad según el uso muslímico, y por dentro de la archivolta se notan los restos de la misma puerta que debió cerrar la entrada por este lado, corroborando lo que hemos dicho, que se hallaba abierta en la segunda cortina de muralla que había en el recinto de la antigua población de la Alhambra, cuyos fragmentos se hallan cuando se remueve el pavimento de la plaza, donde hay cimientos de casas á una respetable profundidad, y las cuales se derribaron para allanar el terreno en la construcción del palacio de Carlos V.