Cerca de la Puerta del Vino, y al terminar la citada calle, había otra puerta de arco, que se conservaba todavía á principios del siglo último. Hemos visto al derribar unas casillas modernas que se habían hecho arrimadas á la muralla, los cimientos de ella, uniendo la Alcazaba al arrabal de Garnata, como ya hemos dicho. Se llamaba Puerta Real.
La inscripción de la Puerta del Vino dice así[56]:
«Me refugio á Dios, huyendo de Satanás apedreado. En el nombre de Dios clemente y misericordioso. La bendición de Dios sea sobre nuestro Señor y dueño Mohamad y sobre su familia y compañeros: salud y paz. Ciertamente te hemos abierto una puerta manifiesta para que te perdone Dios tus pecados pasados y venideros, y te otorgue su cumplida gracia, y te dirija por el camino recto, y te conceda su poderoso auxilio. Gloria á nuestro Señor el Sultán Abú Abdil-lah Algani bil-lah, Gloria á nuestro Señor el Sultán Abú Abdil-lah Algani bil-lah».
Algani bil-lah era el epíteto que llevaban muchos reyes de la España árabe y que más particularmente se dió á los de Granada; pero esta inscripción debió colocarse en el asiento de otra que sería de piedra como el resto de la decoración y que fué reemplazada por la de yeso que hoy vemos, cosa que hicieron muchas veces los árabes en los monumentos, para borrar la memoria de monarcas injustos ó usurpadores.
Pasando esta puerta y continuando como unos veinte metros antes de llegar al ángulo del palacio de Carlos V, había en el siglo pasado un gran olmo, que según la tradición de los moriscos que habitaban Granada cincuenta años después de la conquista, era el mismo bajo el cual el mufty daba audiencia á los que la solicitaban de los reyes moros. La casa de este ministro de la justicia estaba muy cerca, y aun suponemos, con el apoyo de la misma tradición, que debía hallarse el árbol en el centro de un gran patio, el cual era el primer monumento que se veía entrando á la segunda muralla que, como ya hemos dicho, terminaba en la Puerta del Vino.
Al viajero que llega á esta explanada le sorprende ver un palacio de estilo greco-romano del siglo XV alzarse por un lado con aspecto un tanto majestuoso y rico y por otro las rojas y formidables torres de la Edad Media, imponentes baluartes que parecen faros levantados sobre rocas para alumbrar la ciudad extendida á sus pies. Un castillo ó alcazaba, una hermosa puerta árabe, almenas y baluartes arruinados, una casa moderna, jardines y el palacio de Renacimiento, forman ese conjunto que choca á la vista, donde nadie espera hallar más que los recuerdos de una época caballeresca de lucha incesante entre dos civilizaciones, y en vez del encanto melancólico que sentiríamos al hallarnos en medio de esta que fué inexpugnable fortaleza, encanto que es necesario ir á buscar al fondo del palacio de Alhamar, nos encontramos la planta altiva de un conquistador cristiano, impresa en el centro de la Alhambra. Á un mundo fantástico, sueño de siete siglos despierto entre minaretes, anditos, arriates y cármenes, con la sombra de Almamen discurriendo por el campamento, los subterráneos y los adarves, han sucedido con sorpresa los recuerdos traducidos en mármoles de las glorias de Flandes y de Italia, fuerte contraste que nos hace exclamar: ¿Por qué el emperador no mandó construir su palacio lejos de este sitio respetable?
Gran Mezquita, hoy Santa María.
En el centro casi de la Alhambra se alza un sencillo templo que realmente no tiene más interés que el recuerdo de lo que era en su origen. Lo que existe se fundó en 1581 y se concluyó en 1613, siendo su director Juan de la Vega, y habiéndose observado al construirlo, que en sus cimientos había restos y pedazos de obras más antiguas que de los árabes[57]; pero no se dice más en el pliego suelto referente á la obra de esta Iglesia.
Había antes en este mismo sitio una mezquita que se titulaba la Real del Alcázar, fundada por Mohamad Abdallah III, de la casa de Nazar, la cual estaba pintada de azul y oro con muy altos frisos de mosáico, y con elegantes columnas y capiteles que fueron habilitados para colocarlos en el Alcázar. El rey Mohamad sostenía en ella un riquísimo y ostentoso culto y ardían continuamente cincuenta lámparas labradas de bronce, nácar y concha, con trasparentes de seda. Se sostenía su lujo con los réditos que producían algunos baños públicos, construídos para este objeto, y también con las contribuciones impuestas á judíos y cristianos por tolerarles sus usos y costumbres; además estaba dotada de rentas permanentes; así lo cuenta Alcatib Abssalemi. Sabemos también que en 1493 se bendijo y consagró al culto cristiano como iglesia mayor, y que á la fecha de su demolición se hallaba tan ruinosa su techumbre de madera y se habían roto sus alfardas de tal modo, que fué preciso derribarla en 1580.
Á la izquierda de este edificio había en los tiempos mahometanos un grupo de casitas cerca de la Puerta de los Carros, de las cuales una era la del Mufti, no conservándose más de ella que las dos lineas de cimientos señaladas en nuestro mapa. Además, dice Echevarría, que conoció un árbol en este sitio, bajo el cual, y según la tradición, se administraba justicia á la hora de las abluciones y rezos; pero nosotros hemos oído á un antiguo veterano de la Alhambra, que dicho árbol lo conoció muy cerca de la puerta alta que tiene la Torre de la Justicia que ya hemos citado. Sea de esto lo que quiera, lo cierto es que en toda esta plaza había construcciones árabes de no poca importancia sobre la segunda muralla interior, y que se derribaron para la obra del emperador.