En los años siguientes[81] se levantó casi todo el alero de madera, albexares, porque dice el aparejador Vega que estaban podridas sus fardas y era preciso desmontar las armaduras de los almines, lo cual prueba que esas dos grandes líneas de los costados de este patio podían hallarse interrumpidas por kubbas ó cúpulas de diversas formas. Nosotros hemos hallado las tabias[82] antiguas interrumpidas, donde asientan los kanes del alero con obra moderna.
Testero del Patio del Estanque.
La restauración de 1590, por Miguel de Luna, se fijó principalmente en la galería de los tres cuerpos y en toda su yesería; se repuso toda la parte de azulejos por el maestro azulejero Antonio Tenorio[83], fabricante en la misma Alhambra, según el sello hallado en algunos tiestos del Secano, y se colocaron rejas de hierro rompiendo las inscripciones.
En la del año 1691 se taparon muchas puertas del patio; se hizo una armadura colosal y pesadísima sobre el claustro que arrima á la torre de Comareh, la cual estuvo colocada hasta el año 1857, cubriendo toda la sala de la Barca y cobijando las dos torres almenadas; también fué embaldosado con una multitud de piedras blancas, procedentes de inscripciones raspadas que habían servido á otros monumentos, las cuales eran en número de 147, y formaban grandes pedazos, cuyos letreros fué imposible descifrar[84].
En todo el siglo XVIII y principios del actual, ha perdido este patio la mayor parte de sus azulejos, la puerta de la sala de la Barca y sus comarraxias ó yeserías moriscas y fué, por último, convertido su estanque en lavadero público, y sus enclaustrados servían de taberna á las gentes que todavía el año 1833 subían desde la población, para jugar á los náipes, bajo sus bellísimos artesonados.
Los diversos períodos de las obras los hemos reconocido en el año 1850, desde cuya fecha y sin descanso, hemos restaurado toda la galería del lado Norte por la entrada á la torre de Comareh, en sus arabescos desprendidos, que eran muchos; hemos construído cubiertas, restablecido el sotabanco medio ruinoso, reparado las torres cuyos pavimentos quedan aun como testimonio de los antiguos, y arrancado la enorme y pesada techumbre ya citada, en cuyo paraje se restablecieron las almenas, según los fragmentos que se han hallado en los rellenos de las obras modernas. Su asiento indicado sobre la muralla de la pared vieja nos ha dado la evidencia de este ornato, por otra parte visto en los patios de la Mezquita de Córdoba. Hemos restaurado también los arcos de las puertas pequeñas, que se hallaban destruídos, las impostas, frisos, arranques, y sobre todo, la inscripción en doce versos sobre las almadrexas[85] de las dos galerías, habiendo repuesto los ocho que se perdieron y que hemos tomado del texto de Castillo[86], haciéndolos reproducir en ambos lados con los mismos caracteres africanos y signos diacríticos, con cuya restauración puede leerse hoy esta hermosa poesía, metro tawil, la más interesante del sitio; las otras que hay esparcidas entre los arabescos son salutaciones alkoránicas y alabanzas.
He aquí la traducción de aquélla:
«Bendito sea el que te concedió el mando de sus servidores y ensalzó por tí el Islam cumplida y benéficamente».
«¡Cuántas veces te acercaste por la mañana á las ciudades de los infieles y fuiste por la tarde árbitro de la vida de sus habitantes!»