Léase ahora lo que dice la leyenda de la izquierda entre otros motes ya repetidos:
«Los dedos de mi artífice labraron sutilmente mis dibujos después que se ordenaron las joyas de mi corona».
«Imito al trono de una esposa y aun le aventajo, pues yo aseguro la felicidad de los dos cónyuges».
«El que á mí se acerca aquejado de sed, hallará agua pura y fresca, dulce y sin mezcla alguna».
«Como si yo fuera el arco iris cuando aparece, y el sol mi Señor Abul Hachach».
«No deje su morada de ser guardada tanto tiempo como la casa de Dios sea lugar de peregrinación[95]».
Bien expresados están los primores de este arco en la anterior inscripción, y son, con efecto, dignos de la entusiasta alabanza que les tributa el poeta. No hay otro más delicadamente hecho y ornamentado en todo el Alcázar, aunque su forma no sea tan elegante como la del mirador de Lindaraxa. Aquí las proporciones son graciosas, la curvatura más esbelta y sencilla, su construcción más sólida; en el interior sorprende ese exquisito bordado á pincel sobre sus detalles y en tan diminuta escala. Las enjutas son elegantes por el hermoso lazo en espiral tallado en su centro, debiendo advertir la diferencia que se nota entre ellas y las que hay en el arco de colgantes á la entrada de la Sala de la Barca.
Existen tres balcones mikkeh en cada uno de los tres lados opuestos al de la entrada, los cuales, por causa del extraordinario espesor de los muros, forman nueve alhamíes ó cuartitos, cada uno con su techo particular de lacería y arriates, conservando ajimeces en las ventanas. El alhamí de la derecha fué habilitado en 1536 para dar paso á las nuevas y mezquinas construcciones que se arrimaron á la torre. La primera altura decorativa de este gran aposento ha sufrido fatales restauraciones en 1686; sobre ella se extienden dos anchos frisos de diversa traza con inscripciones cúficas y africanas, y en cada lado se abrían cinco ventanas con adornos calados y cristales, que han desaparecido; después grandes letras de carácter africano, y encima una ancha cornisa de mocarnos, desde donde arrancan los planos inclinados de un rico artesón en grandes facetas ó en polígonos trazados de alería, donde se ven grupos de estrellas á manera de constelaciones ordenadas. Contemplando bien los enormes planos de este salón, se echa de menos la forma atrevida y variada de las hornacinas, las cambiantes alturas de los arcos dobles, triples y excéntricos, que hay en otras estancias, y ese sistema de elevaciones angulosas que cambian desde el cuadrado al octógono, subdividiéndose así sucesivamente hasta las múltiples boveditas de los almocarves. Con efecto, esos dos anchos frisos casi de la misma altura, separados por cintas uniformes con grabadas katifas, imprimen monotonía á los paramentos, y parece á primera vista que el más bajo se ha hecho posteriormente en reemplazo de alguna decoración más antigua; así como el friso de los escudos, hermosa trazería sin rival en el palacio, es la propia de esta distribución, si estuviera inmediatamente asentada sobre los tímpanos, que parece faltan á los arcos de los alhamíes. Los zócalos son de jáiras y alijáiras, hermosa sofeisifa que aquí se ostenta más perfecta que en otros parajes, y el pavimento era de mármoles que existían en el año 1556[96].
Esta sala llamó particularmente la atención de los historiadores con preferencia á las demás, y dice de ella Pedraza: «La fundaron los de Comarex de donde toma su nombre, aposento real y nombrado según su manera de edificio, que después acrecentaron diez reyes sucesores suyos, cuyos retratos se ven en una sala, etc., etc.»; y después dice el mismo autor «que Comarex viene de la voz comarraxia, labor pérsica». Los de Comareh habitaban un lugar amurallado, plaza fuerte de este reino, cuyos restos se conservan todavía en el pueblo del mismo nombre, hoy de la provincia de Málaga.
Luis del Mármol se expresaba así: «Comares, del nombre de una hermosísima torre labrada ricamente por de dentro, de una labor costosa y muy preciada entre los persas y surianos llamada comarraxia. Allí tenía este Rey los aposentos de verano, y desde las ventanas de ella que responden al cierzo, y al Mediodía y Poniente, se descubren las casas de la Alcazaba, del Albaicín, etc., etc.»