«Te saludan de mi parte por tarde y mañana bocas de bendición, de prosperidad, de felicidad y de amistad».
«Esta es la cúpula excelsa y nosotras somos sus hijas; pero yo tengo más grandeza y gloria que todas las de mi linaje[98]».
«Soy como el corazón en medio de los miembros, porque en el corazón reside la fuerza del espíritu y del alma».
«Aunque mis compañeras sean signos del Zodiaco de su cielo, á mí sola pertenece, no á ellas, la gloria de poseer un sol».
«Me vistió mi señor el favorecido de Dios, Yusuf, con un traje de gloria y magnificencia cual no otro».
«É hizo de mí el trono de su imperio, sea su alteza mantenida por el Señor de la luz y del asiento y trono divino».
Por último, en esta Sala de Embajadores ó rasules, fué donde se celebró aquel gran consejo presidido por Abu Abdillah XI en presencia de todos los magnates del reino, wacires, ulemas, el gran mufty, los alcaides y alféreces, y formando los soldados y arqueros en las plazas y adarves, donde se acordó la entrega de la opulenta corte, y donde el altivo Muza[99], conociendo los tratos secretos de Boabdil con el monarca cristiano, le apostrofó, despidiéndose para trasladarse á tierra africana y no sufrir la humillación que le esperaba.
Es uno de los mejores episodios de la fantasía del sabio Almamún en los últimos días de Granada árabe.
El emperador Carlos V, visitando este palacio y asomado á la ventana del centro, á la vista del río y sus verjeles, exclamó: «Desgraciado del que tal perdió,» á cuyas palabras su cronista Guevara le contó la tradición del Suspiro del Moro que le había referido un morisco, á cuyo relato añadió el emperador: «Si yo hubiera sido él[100], antes eligiera esta Alhambra por sepulcro que vivir fuera della en el Alpujarra».
Aquí también ante el Serir-almalic[101], el año 708 de la egira, una turba de soldados y pueblo, amotinados por el poderoso alcaide de Guadix Ebn Aldix, mató al valido wacir de Mohamad III en presencia del acobardado monarca, el cual abdicó forzosamente en el príncipe Nasr, dando origen poco después á la guerra de sucesión y al estrecho cerco de esta ciudad puesto por Ismael I, legítimo rey de Granada.