Algunos historiadores han asegurado, por último, que el inmortal Colón visitó este delicioso aposento una de las veces que expuso á la Reina Isabel I el fundamento de sus proyectos. Suspendemos nuestro juicio sobre este dato, que no puede sustentarse existiendo la relación de sus dos viajes al campamento de Santa Fé.
No debemos omitir en este lugar la escena patética é inédita que nos refiere el continuador de la crónica de Hernando del Pulgar, secretario de los Reyes Católicos, al hablar de la torre de Comareh. Léese en el historiador: «El Rey Chiquito tenía consigo á su madre que se decía Seb, de nación cristiana, y fué cautiva cuando los moros robaron á Cieza, que es una villa del reino de Múrcia; y como al tiempo era chiquita, con halagos y otros medios tornóse mora y salió de buen gesto y mujer de bien, y el Rey Muley-Buasén casó con ella, porque entre los moros era esto tenido en mucho, que el Rey ú otro cualquier caballero pudiese casarse con una doncella que de cristiana tornase mora. De este casamiento nació el Rey Chiquito, y esta reina era de grande y valeroso ánimo, y contradecía con toda posibilidad que el Rey Chiquito, su hijo, no entregase el reino á los reyes Católicos, ni concertara con ellos, y que esperase la fortuna próspera y muriese rey, y por esto el Rey Chiquito se guardaba que su madre no supiese que él trataba con los Reyes Católicos de entregarles el reino. Que concluída ya la capitulación, como está dicho, lo supo la reina su madre, y disimuladamente se dice que lo tomó por la mano y se entró en la torre de Comareh, que es el lugar donde más se descubre la grandeza de Granada, y después de haberlo traído á la redonda por la torre y echados entre ambos de pechos y entre dos almenas dijo: «Mira qué entregas y acuérdate que todos tus antepasados murieron reyes de Granada y que el reino acaba en tí.»
Hasta aquí el Alcázar que pudiéramos llamar Serrallo, porque en esta parte se hallaban los aposentos visitados por los altos magnates de la corte.
Patio de los Leones.
Es una de las más hermosas construcciones y la más bella y elegante de la arquitectura musulmana. No hay ejemplar más fantástico y magnífico en todo lo que dentro y fuera de España edificó la caliente imaginación de la raza de Agar. Trasparentes arcadas; columnas que se han agrupado en más ó menos número para repartirse el peso de los esbeltos arcos y techumbres; siete fuentes que murmuran constantemente la soledad de la estancia; dos elevados anditos que se avanzan majestuosos para interrumpir la monotonía de los enclaustrados; cuatro cúpulas que resplandecen á los rayos del sol; once diferentes formas de arcos fastuosamente decorados; todo constituye un conjunto mágico y delicioso aun después de siete siglos de existencia.
Patio de los Leones.
El Patio de los Leones es la prenda más querida de la Alhambra; sin estanques, sin jardines, sin estatuas ni ornatos pedidos á la pintura ó á la escultura, se basta por su sola composición para producir una obra encantadora que deleita los sentidos y alienta pensamientos de grandeza y majestad. No podían ser bárbaros los que lo hicieron, ni menos inspirados en el arte de los romanos. Si se mira desde los extremos del eje más largo que pasa por el centro, presenta una variada combinación de arcos diferentes y simétricos, que se confunden por la distancia y producen la perspectiva más sublime; y si se contempla desde los costados ó ángulos, cada una de sus decoraciones ofrece la diversidad de múltiples detalles, armónicamente distribuídos, que no perjudican á la más correcta regularidad de la forma. Para quitar á los tejados el aspecto sombrío y simétrico de rectos colgadizos sobre arcadas tan ligeras, levantaban cúpulas y establecían en orden sus alminares, enlazados con la ornamentación de las galerías y techumbres de las salas inmediatas.
Partamos de su planta, como se ve en el plano, y por ella deduciremos perfectamente la regularidad y clásica sencillez de la composición. Un paralelógramo formado por dos cuadrados perfectos incluyendo el vestíbulo, constituye su plan. El ancho de sus claustros en los lados cortos y largos está relacionado por la medida de los tres lados del triángulo, en la proporción del cuadrado de la hipotenusa igual á la suma de los cuadrados de los catetos.