Los anditos ó kioskos vuelven á tener el ancho de la sala del vestíbulo, lo cual por sí solo ofrece gran sencillez en la distribución, erigida en sistema, según nos demuestran multitud de ejemplos. De aquí que las maderas puestas para encadenar los arcos y el anillo interior se puedan cruzar á manera de emparrillado y trasmitir las fuerzas á los muros de los cuartos inmediatos, formando con los del patio esta aislada construcción del Palacio del Harem, que incluye la Sala de Abencerrajes, la de las Dos Hermanas y la de Justicia, cuyos muros se ven en perfecta relación de continuidad.
En el momento de visitar este patio nos ha parecido hallarnos en la vida del Oriente, entre Bagdad y Damasco, entre Ispahan y Cairo; luego que se admira la obra se olvidan aquellas clásicas reminiscencias y sólo ve el espectador las mansiones del éxtasis eterno reservado en el paraíso á los hijos de Agar. ¿Dónde y cómo se inventó un monumento de trasparentes anditos colocados como celosías unos detrás de otros para hacer más impenetrable el secreto de los placeres que allí se habían de sentir? No es un lujo de vana fantasía lo que nos conmueve, sino la imperiosa necesidad de describir lo que no tiene semejante y lo que parece que nunca se sujetó á reglas que pudieran dictarse para los tiempos venideros. Ni las galerías de sus cuatro lados son iguales; ni los innumerables arcos son absolutamente uniformes; ni sus columnas se agrupan con aparente igualdad; ni sus puertas guardan semejanza; ni hay, en fin, esa constante repetición de alturas y de líneas que constituyen la belleza en otros órdenes de arquitectura. Aquí es donde se puede decir que en la diversidad reside la unidad, porque si se compara un arco á otro, un techo á otro, un grupo de capiteles á otro, tal vez en el acto no se encuentre la identidad; pero arrojados todos en ese laberinto de construcciones, cada uno se coloca simétricamente en su lugar y á cierta distancia se halla la armonía del número y del conjunto.
En lo que llevamos descrito del Alcázar, no se ha desarrollado todavía por completo ese mágico sistema de convertir en grutas estalactitias las techumbres de los aposentos. Sólo en algunos alhamíes, en las cornisas y arcos se han empezado á usar, pero en el Patio de los Leones hallamos los tres anchos claros de sus entradas, alintelados con otros tantos arcos ó festones ondulantes de mocarbes, cuyo atrevimiento de construcción no se podría concebir á no considerarlos adheridos á los fuertes botantes que hay en los esqueletos de sus azuares. Más adentro, parándose en el medio de esas dos cortas galerías, se ven dos arcos en forma de pabellón á dentellones y en los fondos, los esféricos realzados en contraste con los primeros. Los ligadores de tirantes se descubren en los techos para evitar la monotonía de los grandes paflones, y vestidos de ricas ataraceas de madera se pierden en los muros y apilastrados como los pescantes de los puentes de hierro, distribuyendo los techos de bellos almizates que nos hacen suponer si el exterior debería acusar con cúpulas planas ó convexas los huecos interiores, recordando los cupulinos del patio de la gran mezquita de Auríc; y sin embargo, en sus galerías estrechas no hay señales de esas cúpulas á la bizantina, supuesto que están interrumpidas las líneas por los menacires del segundo cuerpo y las bóvedas de los dos templetes.
Las innumerables columnas de mármol de Macael, que blancas en su origen han tomado ese color dulce que les imprime el tiempo, están ligadas por sus capiteles sueltos ó agrupados, según las exigencias de una construcción atrevida, cuya forma cuadrada y plana, en relación con los pilares que cargan sobre ellos, no es ni persa, ni asiria, ni griega, ni romana, filiación que se pierde en los diferentes períodos de transición que ha pasado este arte.
Para venir á este hermoso aposento[102], hemos atravesado un pasadizo angosto que desde pocos años existe abierto, y el cual no ofrece grandeza de ninguna clase. Esta comunicación no era directa en la antigüedad como es hoy; se hallaba interrumpida por todos lados, porque desde ella todo este tercer edificio con su correspondiente alcaidía, como ya hemos anunciado, constituía el harem, al cual se pasaba únicamente por la puerta que hay á una de las extremidades de la sala larga que sirve de vestíbulo al patio, y donde se hallan sus tres grandes arcos de entrada.
Este patio se principió á construir en 1377 bajo la dirección de un artífice árabe que trabajaba por primera vez en las reales obras de la Alhambra: Aben Cencid[103] era su nombre y nosotros creemos que el género de ornato que aplicó, diferente al del patio ya descrito, fué hecho también por el artífice para las casas del Chapí y la llamada de los Oidores, por ser aquél reproducido en los mismos modelos de este patio. Hasta el año 1552[104] no se hizo aquí la primera obra importante de conservación, y entonces se quitaron á los templetes ó anditos las bóvedas exteriores de azulejos, con el objeto, según el informe de un maestro de obras, de evitar las filtraciones que había y prevenir la destrucción de las bóvedas interiores[105]. Entonces se compuso la yesería; se repusieron techos podridos y se levantó toda la parte antigua del alero.
En 1595 se formó expediente para hacer obras y cubrir muchas cúpulas que estaban abandonadas; se repararon las tejas blancas y verdes que existían todavía; se restauró un pavimento antiguo que estaba compuesto de ladrillos cortados y azulejos, por dentro y fuera de las galerías, (mostagueras), y se compusieron los mocarbes de yesería que se habían hundido[106]. En 1591 ocurrió el incendio de un polvorín en el inmediato barrio de San Pedro, cuya detonación ocasionó muchos hundimientos en la Alhambra[107], especialmente en la sala de entrada á este patio y en la inmediata de Abencerrajes. Es de dicha época la construcción de un alero de madera pobre y mezquino, el cual hemos principiado á restaurar en los cuatro lados, copiando los restos hallados en el mismo paraje del antiguo y rico que se destruyó.
En 1640 se reconoció por D. Antonio Guerrero el estado ruinoso del patio y se hallaron desplomadas ya las columnas de los enclaustrados y de los templetes. Por entonces estaban arrancados los mosáicos de todo el basamento del patio, que dicen eran muy semejantes á los de la alberca.
Siguiendo este género de investigaciones sobre tan hermoso departamento, retrocederemos al año 1553, en el cual se hicieron ladrillos vidriados para las galerías por un tal Peñafiel, bajo la dirección de Francisco de las Madezas, y datan de esta fecha la mayor parte de las armaduras que han dado el aspecto de pobreza á los tejados que estamos restaurando.
En los dos miradores sobre las puertas de las dos salas de Abencerrajes y Dos Hermanas, había menudas celosías cubriendo los tres arcos del mikkah ó balcón, donde se asomaban las mujeres del harem, que habitaban pequeños cuartos distribuídos detrás de esa galería alta de ventanitas redondas y enfiladas que hemos hecho abrir recientemente. Desde el centro se ven las diferentes kubbas ó cúpulas de las dos citadas salas de la Ráuda, de la Justicia y las de los templetes, de las cuales sólo una se ostenta hoy como pudieran estar en los tiempos antiguos, porque el otro templete la perdió con motivo de las filtraciones, y para salvar la bóveda interior considerada siempre de mayor importancia.