—¿A dónde vas? ¿Ya no conoces tu tierra?

—A casa.

—Si ya no viven donde antes.

—¿Pues dónde?...

—Por aquí....

Echándome el brazo me impulsó a seguir por una callejuela.

—¿Cuándo mudaron de casa?

—¡Uh! ¡Hace tiempo! Como vendieron la casita.... Yo les dije que no lo hicieran; pero fué preciso....

Estas palabras del antiguo servidor de mis padres fueron para mí como un rayo de luz. Todo lo comprendí. La situación de mis tías era, sin duda, por extremo precaria. Ahora me daba yo cuenta de la tristeza que informaba sus cartas; ahora estimaba yo en lo justo la magnitud de sus afanes y de sus sacrificios.

Andrés prosiguió: