—¿Ve usted aquella casa, aquella, la nueva, la que está pintada de gris? Pues ahí vive una persona que toca mejor que Luisa.... ¿No lo sabía usted?
—¡Ah! Sí, la señorita Fernández.
—¡Sí! ¡Esa!...—murmuró maliciosamente la parlanchina.
—¿Y qué?
—¿Qué?
—La señorita Fernández...—repitió con mucha sorna la morena.
—¿Por qué lo niega usted?—dijo la rubia.—¿Qué tiene eso de malo?
—Señoritas, ¡si yo no niego, ni afirmo!...
—¡Sí niega!—exclamaron a una.
—No acierto a comprender a ustedes....