Sonrojóse al verme, y murmuró tímidamente:

—Usted dispense....

—¿Qué quieres, Gabriela?—le preguntó el caballero.

—¿A qué hora hemos de salir?

—Después de comer... a menos que tú quieras salir más tarde....

Saludé, y me fuí. ¡Linda criatura! Aun me parece que la veo con aquel vestido azul que parecía un jirón de cielo; esbelta, donairosa, elegante, sencilla, húmedos los rubios cabellos, que, atados con una cinta de seda, caían hacia la espalda sobre una toalla anchísima. ¡Nunca me pareció más bella!


XL

Cuando llegué al despacho me encontré con el jurisperito. Salía para ir al Juzgado.

—Amigo:—me dijo muy gestudo y mohino—ya me cansé de esperar.... ¿Qué le ha pasado? ¿Por qué viene usted a esta hora? Recuerde usted que el deber es lo primero. Déjese usted los amoríos para los ratos de huelga.