—Como ustedes gusten.

—¿A qué no sabe usted de dónde venimos?

—De la iglesia; de las tiendas; vendrán de comprar perendengues y moños.

—¡No!—exclamaron a una.

—No acierto....

—¡Adivine usted!...—dijo la morena.

—¡Adivine usted!...—repitió la rubia.

—No acierto, señoritas....

—¿Oyes, Luisa? ¡No acierta! Pues nosotras sabemos dónde estuvo usted hace media hora....

—¡Ah! No es difícil saberlo. Acabo de llegar, y ustedes me verían salir de casa..