—La diré.... ¡No; mejor es callar!
—Hable usted, tía.
—Soñé que te habías enamorado de.... Gabriela.
—¿De Gabriela?
—Si, de esa señorita que es tan buena, tan amable, tan elegante, tan inteligente, tan linda, y... ¡tan rica!
—No, tía. Mi corazón tiene dueño.
—¿Y quién es?
—Ese es mi secreto.
—¿Secreto?
—Secreto.