—Lo merece, hijo, lo merece.
—Ya tendrá novio, ¿verdad, tía Pepa? O, por lo menos, sus amartelados....
—¿Qué? ¿qué dices?
—Que ya tendrá novio....
—¿Novio Angelina? ¡Por Dios, Rorró! ¡Qué otro vienes¡
Y en tono dulce y suplicante agregó:
—¡Ay!, ¡Rorró! ¡No hagas malos juicios de las personas!...
En aquellos momentos llegó la joven. Tímida y cortada se detuvo en el umbral; bajaba los ojos, y al parecer distraída jugaba con la punta del delantal.
—¿Me llamaba usted, doña Pepita?—dijo.
—Sí,—respondió mi tía,—para que conozcas al sobrino. ¿No deseabas conocerlo? Pues aquí lo tienes. Ya lo ves.