Por fin habló:
—¿Qué dices de eso?
—¡Nada, tía; que si por mí fuera... no me iría yo!...
—¿Cuándo vuelves?
—El domingo.... Pediré licencia.
—Sí, sí, ven.... ¡Mira que estoy sola, muy sola!...
—Dígale usted a Andrés que venga todas las noches....
—¡No dejes de venir el domingo!
—Aquí estaré.
No quise irme sin hablar con Sarmiento. Le hallé en su casa.