—Es de sentirse,—decía—que el ferrocarril no pase por Villaverde. Pluviosilla será la ciudad que saque más provecho. En sus aguas y en sus ríos tiene una fuente de riqueza.... ¿Cuántas fábricas tiene ahora? Una.... Pues de aquí a veinte años ¡ya verán ustedes!... Sería oportuno adquirir terrenos en Pluviosilla, particularmente cerca de los ríos.... Dentro de pocos años han de valer el doble de lo que ahora cuesten. Pluviosilla será, no hay que dudarlo, la primera ciudad fabril del Estado y de la República....

Los criados se habían retirado ya. De pronto apareció Mauricio en el comedor, diciendo que alguien me buscaba.

—¿A mí?—pregunté sobresaltado.

—Sí, traen una carta....

—¿Quién la trae?

—No lo conozco.

Me levanté precipitadamente en busca del desconocido. Me traía dos cartas: una de Linilla y otra de tía Pepa. Corrí a leerlas.

—¿Qué pasa?—preguntó don Carlos.—¿Algo de cuidado?

Abrí el pliego. No contenía más que unos cuantos renglones.

«Carmen está muy grave. Ya el doctor mandó que se disponga, y a las cinco recibirá el Viático. Vente luego, luego; pide permiso, que el señor don Carlos no te lo ha de negar. Considérame».