—Así lo creo, pero.... Dígame usted: ¿no ha tenido pretendientes?
—¡Ah! Eso es otra cosa. ¡Así!—y mi tía juntó los dedos de la mano derecha, y los movió como para indicarme una multitud de personas.
—En Pluviosilla,—prosiguió—¡muchos! Un español rico; un mancebo de botica muy burlón y endiantrado, capaz de reírse hasta de su sombra; un colegial muy guapo, que le hacía versos; otros, y otros. Aquí... aquí....
—¿Quién?
—Uno nada más.
—¿Quién?
—Amigo tuyo, condiscípulo tuyo....
—¿Pepe López?
—No.
—Diga usted, tía....