Hablaba lenta y pausadamente, oyéndose.

—Es usted por extremo modesto...—¡Aquí!—me dije.—¡Aquí del incienso!—¿Quién no tiene noticia de los talentos de usted, de su saber profundo, de su fama, de su acrisolada honradez?

Estos elogios me sonrojaban.

—¡Bien! ¡Bien! Veremos si obtiene usted lo que desea. Está usted eficazmente recomendado por Román. Me dice que fué usted su discípulo, y de los más aventajados....

—El señor mi maestro me quiere mucho, y es conmigo demasiado benévolo. Deseo trabajar, y estoy seguro de adelantar al lado de persona tan recomendable. ¡Quién no sabe que es usted el primer abogado del Estado de Veracruz!

Castro Pérez se hinchó como un pavo, se meció en la poltrona, fingió sonrojarse, y me dijo:

—¡Al grano! ¡Al grano! ¿Conoce usted el ramo?

—No, señor.

—Pues entonces, ¿cómo solicita usted una ocupación que le es desconocida? Tengo buenas noticias de usted. Ya Román me dijo que es usted un muchachito inteligente, que sabe usted hacer bonitos versos.... Pero, es cosa sabida: no son los mejores empleados los que se andan todo el día a caza de consonantes....

Me dieron ganas de estrangular al viejo.