—Después hablaremos de ella.
—Y ¿en qué paró la discusión?
—¡En qué había de parar! En lo que era debido; en que la presidenta dijo que teníamos razón; que se dieran los auxilios, y que no se volviera a hablar de eso. La señora se fué mohina, y nosotras salimos muy contentas.
—Bien hecho, Angelina. Tenían ustedes razón.
—Ahora, vamos a otra cosa. ¿Sabe usted lo que me dijeron esta mañana, al salir de la Conferencia?
—Si usted no me lo dice.... Veamos, ¿quién y qué?
—¡Ah!—exclamó, sonriendo, dejando ver toda la hermosura de sus hoyueladas mejillas.—Es algo que a usted se refiere.
—¿A mí?
—Sí.
—¿Quién fué?