—No fué pajarito, que fué pajarita. ¿Dice usted que azul? Pues azul; no se equivoca usted. Azul y oro... porque es rubia y estaba vestida de color de cielo.
—¿Qué dijo?
—Pues... dijo, (no crea usted, que lo invento yo, ¿eh?) me dijo... que.... ¡No; es mejor no poner tentaciones!
Aunque la joven inclinaba la cabeza sobre el plato, pude observar que se había puesto pálida, sumamente pálida. Velaba su rostro una sombra de repentina tristeza.
—Angelina...—supliqué—¿qué dijo y quién es esa pajarita? Será una golondrina de las que anidan en la torre....
—¡Adiós! Las golondrinas no son rubias, ni visten de azul.
—¿Y a qué viene eso de las tentaciones?
—A nada. ¡Cosas mías! Por decir algo... por avivar la curiosidad del caballero....
—Seriamente. Dígame usted todo. Sin duda que me ha de interesar....
—¡Ah! ¡Y sí que sí!