Los parques y jardines, más extensos que bien cuidados, numerosos, repartidos convenientemente para que los diferentes centros de población puedan disfrutar de sus paseos y arboledas; el Lincoln park, el Washington Park, el Garfield park, el Jackson park, donde se ha montado el inmenso mecanismo de la Exposición colombina, con sus estatuas y monumentos, con sus extensas praderías y rodales de árboles forestales que alternan con masas de flores y hojarasca variada; los recursos de una vialidad facilísima, motivos son de concurrencia en días festivos que dan á la ciudad atractivos y aires de alegría. El lago, el Michigan de horizontes infinitos, mar interior, tan grande como el Mediterráneo, en que navegan tantos barcos que convierten el puerto de Chicago en el más concurrido del mundo, no alcanza nunca, ni aun en los mejores días del año, cuando el sol y el aire ostentan sus mejores galas, el aspecto sonriente del mar latino que no refleja jamás las sombras de masas de humo, de gases y vapores de agua que dan á la naturaleza entera tonos grises como los que reproducen las aguas tristes del Michigan, impurificadas por la respiración inmensa y los detritus variadísimos de la ciudad de Chicago.
Reproducir ahora aquí lo ya repetido en libros, revistas y periódicos acerca de los recursos de Chicago, acumular cifras, datos estadísticos, impresiones gastadas por lo sobadas y repetidas, no sería plato de gusto para nadie; baste, pues, condensar lo más nuevo, lo menos conocido y más variado que he visto allí, sin que haya levantado en mi espíritu las oleadas de entusiasmo que durante tantos años han mantenido en Europa una opinión deslumbradora, sostenida por la opinión política y el afán de atribuir grandezas é iniciativas á las razas americanas, productoras de una civilización nueva capaz de regenerar la sangre del mundo entero, con el aliento gigante de un pueblo que se inspira en el principio, que llaman santo, de la libertad absoluta.
Los que me sigan en mi viaje al través del continente americano, descontarán en el camino muchas grandezas, dejando entre flores, abrojos y espinas muchas ilusiones y no pocas esperanzas.
Ingeniería municipal
Interesa ya de tal manera la ingeniería municipal, que su tecnicismo informa ya el lenguaje de todos los pueblos cultos.
En este punto, he hallado en América cosas tan raras, y criterios tan nuevos, que han sido una verdadera revelación. Chicago es una ciudad de una fuerza expansiva maravillosa; hace pocos días tuve la fortuna, de conocer, en un banquete al general Suoy Smith, á quien fuí presentado, conociendo de antemano la accidentada historia de su vida, y como supo que me interesaban sus trabajos de ingeniería, tuvo la galantería de enviarme un folleto que, resumido, voy á exponer aquí:
Hace cincuenta años, cuando el general era teniente, fué destinado á custodiar el fuerte de madera levantado para defender á la naciente ciudad contra las algaradas de los indios, y que ocupaba, según pienso, el emplazamiento del centro actual de Chicago, en Dearborn street. El general ha presenciado, pues, el inmenso desarrollo de esta ciudad y ha contribuído con su saber y su trabajo á crear los principios de la ingeniería municipal que se están poniendo en práctica, sin la preocupación de cosas que son para nosotros sagradas, y que no sabríamos tocar sin creer que cometemos una verdadera profanación.