No deja de ser pintoresco, á mi juicio, el conjunto variado de industrias reunidas en el patio que describo; al lado y normalmente á la instalación Pujol, las cartas de Olea, de Cádiz; las de García Fossas, de Igualada; las de Juan Roura y Presas, y el mueble caprichoso de Sebastián Comas y Ricart.

Dejando un paso intermedio entre la exposición de lentes y gemelos de la casa Falk, de Madrid, hállanse los vidrios muselinas de Venancio N. Díaz, y formando marquesina, apoyada en cuatro columnas de hierro fundido, los vidrios de colores de Rigalt y C.ª; y en el otro costado del patio las preciosas acuarelas de Ginés Codina y Sert, dedicadas á las artes suntuarias, montadas sobre basamentos de madera dibujados por el señor Espina, alternando con grabados de loza y cristal que, con la casa Falk, tienen el patio lleno de gente que admira también, en el centro del mismo, los vidrios de colores de Amigó y C.ª, montados verticalmente sobre una base trapezoidal, de modo que los rayos del sol, al herirlos por la tarde hacen resaltar la belleza de la composición y la viveza de los colores.

Junto á este patio quedan perfectamente iluminadas las instalaciones de Orsola, Solá y C.ª, que reciben luz cenital; débilmente inclinada, la hermosa mesa tocador de mármol del escultor cubano Triscornia; los techos artesonados de Juan Coll, que compiten con los que presenta Alemania, y algunas más que forman ya, en el interior de la galería, como son la instalación de la Sociedad Artística y Arqueológica de Barcelona, extraviada durante tres meses, y que hasta hace unos quince días no ha entrado en esta Sección; los objetos arqueológicos de Máximo Fernández, de Madrid, compuestos de un tapiz antiquísimo, un bargueño, un cañón, un cuadro de azulejos que, con la colección de papel sellado de Ramona Méndez, constituyen un pequeño centro arqueológico muy chico, pero muy interesante, y que se ha llevado á Manufacturas para no dejar un cabo suelto en el palacio de Arqueología y Etnología, perdido entre las grandes instalaciones europeas y americanas. También están entre dos patios contiguos y regularmente iluminadas las instalaciones de Lucas y C.ª, Cabot y Alabau, Falomir é Ibáñez, de Castellón de la Plana, Valderrama, de Santander, y otros que sería monótono relatar.

Queda el patio pequeño y el box de cerámica, en donde se ha puesto algo de lo que debía estar en Artes liberales y que por falta de espacio ocupa un rectángulo pequeño de Manufacturas. En el centro he construído un mueble especial para las casas Montaner y Simón, y Espasa y C.ª, editores tan conocidos en España y en América por sus trabajos tipográficos y artísticas encuadernaciones; en un ángulo están los muebles con los libros editados y tan conocidos en América del Sud por Antonio Bastinos, y los anuarios comerciales de Bailly-Balliere, de Madrid; en un paramento el espejo decorativo de Amigó, recubierto en parte para ocultar el daño sufrido en el viaje, los proyectos decorativos de A. y C. Castelucho; en otro ángulo la instalación del Centro Asturiano de la Habana y el mueble con muestras de litografía de Ruiz y C.ª, de la capital de la grande Antilla, y enfrente, adosada al muro, la vitrina que contiene el sinnúmero de libros enviados al Certamen, en prosa y verso, didácticos y literarios, de arte y música, cuya enumeración se llevaría una hoja entera de este libro. Encima van las fotografías enviadas por la Asociación de Ingenieros industriales de Barcelona, que, con una carta de Cuba, los perfiles del Instituto Geográfico y Estadístico, la colección de obras del laborioso é ilustrado contador de la Diputación, Sr. Torrens y Monner, los libros del Ateneo Barcelonés, las fotografías y los libros del Fomento del Trabajo Nacional, el título y las carpetas de esa Universidad, constituyen un centro interesante que llama la atención de los concurrentes.—En un box bien iluminado he reunido los productos cerámicos de la conocida casa Pickman y C.ª, de Sevilla, cuyo panneau de azulejos esmaltados colocado en el centro atrae por su color, brillo y artística disposición; así como los platos, ánforas y tibores de Díaz Álvarez, de Sevilla; los azulejos de estilo morisco y del Renacimiento de Jiménez Izquierdo, y las mayólicas hispano-arábigas que reproduce Ros y Urgell en su fábrica de Valencia, que se llevan el corazón de las señoras americanas, que las encuentran very fine.

A espaldas de esta instalación y bajo galería, poco iluminada, hállase la exposición de muebles de la casa Tayá, de Barcelona, y los entarimados ó pavimentos de maderas de Rosell. La fama de esos industriales la acredita cada día la exposición de la calle de Fernando, como está acreditada en la Habana por haber decorado espléndidamente los salones del Centro Asturiano de aquella capital.

Falta ya poco que añadir á todo esto, si no he de cansar la atención de los lectores con listas interminables de nombres: las fotografías, los grabados, modelos de encuadernaciones de Sarradó, Balet, Tersol, Rieusset, dibujos de Lange, los proyectos de arquitectura de Ramón Salas, Villar Carmona, García Faria, Arsenio Alonso, han tenido que colocarse en Manufacturas, pero he cuidado de ponerlos en sitios vistosos y lo mejor iluminados posible.

Los que visiten esta Sección hallarán, sin duda alguna, faltas y errores que manos menos torpes no habrían cometido; por otra parte ¡qué obra humana no los tiene! pero difícil será desconocer, si alguien se toma la molestia de estudiar la gestación dolorosa de las instalaciones españolas en esta Exposición, que sólo la voluntad más enérgica, sostenida por esa fuerza poderosa que se llama el cumplimiento del deber, pudieron llevar á término una obra en que confieso humildemente haber sentido, al realizarla, desfallecimientos tan hondos y desesperaciones tan crueles, como no los he tenido jamás en la accidentada vida del funcionario público que, en España, se ocupa seriamente en el servicio que se le tiene confiado.