Se expone también en esta sección una colección de armas, herramientas, equipos y monturas del arma de caballería, instalada con mucho gusto y arte en muebles remitidos de España.
De esta colección ha merecido entusiastas elogios la montura flexible de bandas automáticas del comandante Valdés por las condiciones de adaptabilidad á caballos de distinta configuración.
Por último, hallo en esta sección una colección numerosa de libros escritos por oficiales del Ejército. Pasan de trescientos los volúmenes expuestos, y aunque su número y la extensión de las obras impida formar concepto de su contenido, sin embargo, por los títulos que aparecen escritos en los Catálogos, la variedad de los asuntos tratados y la significación de los autores, conocidos en el Ejército y fuera de él, nadie juzgará que sea inmerecida la calificación de notabilísima con que puede honrarse la Sección técnica y bibliográfica de los institutos armados de España.
Forma sección aparte, en el edificio de Transportes, la Marina de guerra española, y quien no conozca su valimiento y su significación en el mundo, desconoce ciertamente la historia universal. Agrúpanse en la sección tres elementos importantes: un precioso modelo de la carabela Santa María, lazo curioso de la historia marítima de la patria, entre la marina de guerra y la comercial; algunos ejemplares, modelos de antiguos navíos y otras embarcaciones de interés histórico, y algunos modelos de la Trasatlántica española que preside el busto del insigne naviero Antonio López.
Como elementos varios, cuento, como más notables, las jarcias de la fábrica de Cartagena; las lonas y redes de Pedro Alier, de Barcelona; los modelos de cañones para la marina, sistema Hontoria; una ametralladora, de valor histórico, construída el año 1830 en Cartagena, y el cañón de tiro rápido Sarmiento, de mecanismo sumamente ingenioso y probado con gran éxito.
Falta ya sólo citar el solígrafo de Ristori, que inspecciona automáticamente el ánima de los cañones con precisión admirable, y que ha sido juzgado muy favorablemente; y la obra de Arqueología naval, considerada como un trabajo de primer orden, de Rafael Monleón.
Grato es para el que esto escribe, trasladar aquí, la impresión favorabilísima que ha causado en Chicago, la fecunda y patriótica labor de los soldados de la patria.