Palacio de la Mujer
Las secciones españolas de Señoras y Forestal
La modestia no es virtud americana, y así como estas gentes creen de buena fe que sus hombres y sus cosas son lo mejor del mundo, de la misma manera y con igual buen sentido opinaban que la mujer española, embrutecida por la domesticidad y la esclavitud, no servía más que para dar hijos al mundo, y doblar humildemente la cabeza ante su dueño y señor, el hidalgo altivo de las leyendas patrias.
Colocada la mujer española en nivel tan bajo, creyóse que la preciosa decoración que había de encuadrar los bordados, las pinturas, los libros, y la música que enviaban las señoras españolas, sería un pabellón de colores brillantes que escondería lo vil de la mercancía, y las ladies managers no creyeron nunca que la señora Dupuy de Lome pudiera presentar un conjunto de trabajos que respondiera á los ideales de una época de civilización y progreso, negado hasta hace poco tiempo, á la mujer española.
Pero, en esto, como en muchas otras cosas, han cambiado de opinión las señoras americanas; lo que parecía ancho espacio para el trabajo de la mujer española, resultó menguado; la decoración que debía serlo todo, queda siendo lo que debía ser: un marco digno del cuadro que con singular pericia ha montado nuestra compatriota la señora Dupuy de Lome, y como los materiales de que dispuso son una hermosa muestra de que la mujer española sintetiza todos los encantos, que nadie más que ella es hermosa, buena, digna é inteligente, la instalación española de Señoras honra á nuestra patria, poniendo un reparo, que no podrá ya negarse, á la murmuración y á la falta de conocimiento que ostentaron hasta ahora, con notoria injusticia y ligereza, las ladies americanas.
La instalación montada delante del portal del sur del Palacio de Señoras, reproduce, en escala reducida, el claustro típico de San Juan de los Reyes, de Toledo. Sus anchos ventanales en ogiva dan paso á la escasa luz que, por deficiencias del edificio, recibe del salón central, la puerta de entrada y las ventanas mezquinas del Palacio, y encerradas dentro de cristales de una sola pieza, aparecen, en democrático conjunto, las obras de S. M. la Reina Cristina, las infantas de España, las damas de nuestra aristocracia, las señoras de la clase media y baja, sin más preeminencia que la revelada por el mérito del trabajo expuesto, y que constituirá siempre, pese á la estúpida manía igualataria de la época, la aristocracia del espíritu, la más alta, la más pura, la única que sólo puede transmitir la alta soberanía de Dios.
Guiado por la bondad de la comisaria señora Dupuy de Lome, llamó mi atención la preciosa acuarela de S. M. la Reina; dos acuarelas bien sentidas de la Infanta Paz, que revela además en sus poesías la belleza de su alma; dos bordados modelo de Dolores Sivilla y Enriqueta Menchaca, tan primorosos y acabados que se han puesto en una vitrina especial á petición de las señoras americanas; bordados, en forma de medallones del Rey, la Reina y el Rey Alfonso XII, de María Gutiérrez de Diego; los bordados en blanco de Águeda de Cansegundo, de Salamanca; Luisa Robres, de Alicante; Polonia Prieto, de Madrid; Juliana Grajera, de Villafranca de los Barros, y Exuperancia González Sánchez, de Ciudad Rodrigo.
Los encajes y las blondas de la Viuda é hijos de José Fiter, en blanco y negro; las blondas y los encajes hechos á mano de la Viuda Vives, tan conocidos en Barcelona, y cuyos géneros han causado aquí verdadera admiración; los encajes á mano de Virginia Rodríguez Sampedro, y los que ha enviado la comisión de señoras de Palma de Mallorca y Tenerife, todos son notables y dignos de figurar entre los mejores de esta Exposición.
Entre las composiciones musicales presentadas, figura, en primer término, Luisa Casagemas, con su «Schiava é regina,» cuyas dos partituras han sido premiadas por su música agradable y bien escrita; siendo también notables las obras de Rosa Mestres, Ascensión Martínez y otras.
En el Congreso de religiones han llamado la atención los libros de las señoras españolas, entre las que sobresalen las que han dedicado sus estudios á la filosofía, teología, poesía é historia. El número total de libros expuestos en la biblioteca es de 283, en cuyas portadas figuran los nombres ilustres de Santa Teresa, Concepción Arenal, Pardo Bazán, Duquesa de Alba, Biedma, Isabel de Faber, Coronado, Juana de la Cruz, García Balmaseda, Gayangos, Guerrero de Flaquer, Gómez de Avellaneda, Grases, María de Agreda, Massanés, Pilar de San Juan, Barrientos, y otras que sería prolijo enumerar.