En pedagogía, la cartilla sistema Frœbel, de Gloria Téllez, ha sido juzgada muy ventajosamente.

Toda la colección de libros ha merecido un premio colectivo en que se hace resaltar la importancia y el mérito de la obra literaria y científica de la mujer española.

Palacio de Bellas Artes

Los trabajos expuestos por las señoras de la Habana; los ramos de flores é imperdibles de plancha de hierro cincelado de Pilar y Dolores González, de Barcelona; las incrustaciones de las señoritas de Ibarzabal, de Eibar, las labores y los trabajos de las sordo-mudas de Valencia y cigarreras de Zaragoza y Valencia, todo ha merecido plácemes y alcanzado triunfos para la mujer española.

Algo debería decir aquí del Jurado de Bellas Artes que, empezando por oponer una grandísima resistencia al examen de las obras de la mujer, en general, después de no pocas discusiones y protestas, consiguióse el examen rapidísimo de las pinturas y esculturas presentadas por las artistas españolas, tratadas con un desdén que sólo puede compararse al dispensado á las obras de los mejores pintores del mundo entero.

Mucho podría decir sobre esta preterición, y el escándalo producido por la falta de estudio, por el juicio de impresión, por la independencia consentida á los artistas-peritos al juzgar las obras, haciendo caso omiso de las reglas del Jurado, cuando todos los demás las hemos acatado y obedecido, por más que no las juzgáramos acertadas; pero, como alguien podría creer que obedezco á miras interesadas aunque sea justo el sentimiento que me ha causado la derrota sufrida por los artistas españoles en Chicago, dejo que personas más peritas que yo aclaren los misterios y traduzcan los hechos, acudiendo á las causas que han motivado tan triste resultado.

Y antes de terminar todo lo que se refiere á las secciones españolas, algo he de decir de la sección forestal, que habría podido ser una de las más interesantes de España y resulta tan pobre y tan deslucida que siento me haya tocado en suerte su instalación, y no haber conseguido que se renunciara á presentar colecciones que revelan descuido y poquísima diligencia en cuantos han intervenido en su remisión.

No quiero hablar de las mezquinas colecciones enviadas por algunos Institutos, cuyos nombres no quiero recordar; no he de mentar tampoco á los taponeros de la provincia de Gerona, que menos diligentes ó quizás más apasionados que los de las provincias de Extremadura y Andalucía, no han enviado aquí sus productos, sin rival en el mundo; Dios me libre de dar cuenta del papel que hacen representar á España los que envían colecciones oficiales, y muy hermosas por cierto, de las islas Filipinas, sin estar catalogadas, clasificadas y con el nombre científico y vulgar de la especie, puesto en las respectivas etiquetas, porque todo esto me llevaría donde no quiero ir, y me haría decir lo que más vale callar.