Lo que ya no es tan fácil de ver, es lo que voy á describir aquí, si no se conoce el país y no se estudian con algún cuidado las costumbres y la idiosincracia de estas gentes. He visto aquí tantas cosas y tan notables, que valen la pena de ser contadas, que lo único que me aflige, es no saber narrarlas con el color local cuya fiel traducción bastaría para acreditar al autor de tan interesante estudio. Hoy va sólo una hoja suelta, que no sé si tendré valor algún día de enlazar con un trabajo de mayor alcance que tendría sumo gusto en publicar, dedicando á la mujer norte-americana la atención que merece su rápido desenvolvimiento en el fecundo campo de la libertad.

Los que crean que la mujer libre es en la América del norte una excepción, se equivocan grandemente; la mujer aquí no tiene, ni pone límites á sus iniciativas: la niña, la mujer casada ó viuda, la de alta clase y la de mísera condición, todas, absolutamente todas, viven según cuadra á su fantasía, sin más preocupación que el ejercicio absoluto é indiscutible de su libre albedrío y omnímoda voluntad.

La rueda Ferris

No me chocará que alguien dude de afirmación tan categórica, porque yo mismo he necesitado ver para creer; hoy ya no dudo, ni tengo inconveniente alguno en afirmar que la familia, tal como la entendemos en Europa, tal como la necesitamos y exigimos en España, no existe aquí. Y porque esto es así, las hipocresías de estas gentes resultarían tentadoras para Paul de Kock si viviera, y muy dignas de ser contadas, aunque sea sin llevar la vestidura con que podría adornarlas pluma mejor cortada que la mía.

¿Quién no conoce en Europa y América el célebre Board of Ladies, con su palacio destinado al trabajo de la mujer en el mundo, sus congresos y fiestas espléndidas, sus sesiones borrascosas en que una dama, haciendo oficios sacerdotales, eleva las manos al cielo para pedir la bendición de Dios,—que no debe concederla si he de juzgar poco caritativa y cristiana la manera como se acusan unas á otras de corruptoras y corrompidas,—y cuanto se ha contado y escrito acerca de la mujer, desde que aspira á probar que vale más moral é intelectualmente que el hombre? Pues esas señoras se reunieron un día en sesión y una de ellas, altamente escandalizada de los espectáculos ofrecidos al público en el «Midway plaisance», presentó á la mesa una moción encaminada á investigar detenida y concienzudamente cuántos, en qué forma, y en qué sitios, se efectuaban los actos inmorales que la habían afectado tan hondamente, pues lloraba con amargura al narrar los horrores del «Midway» la dama denunciadora del comité de señoras de la Exposición.

Nombróse una comisión compuesta de tres señoras, no he podido averiguar si había alguna soltera entre ellas, para que estudiara detenidamente el asunto y reconociera los sitios de corrupción en donde, según pública voz y fama, se falta á las reglas de moral. Las señoras nombradas aceptaron tan triste misión, y levantándose las sayas para no mancharse con el lodo de la corrupción, fueron recorriendo tarde y noche los teatros y barracones de dancing girls en donde se baila la danse du ventre y otros bailes parecidos para distraer á la bohemia universal que, en todas las exposiciones, representa el papel alegre de fiestas en que la ciencia y el arte, la industria y el comercio son excusa poco halagadora para toda clase de corrupciones.

Lo que aquellas señoras vieron allí, Dios y ellas lo saben; tres días seguidos con sus noches, dan larga tregua para carga tan pesada, y tras tanto sufrimiento y amargura tanta, las señoras se reunieron y deliberaron; las investigadoras relataron dichos y hechos capaces de sonrojar á una estatua, y las tres estuvieron conformes en asegurar que preferirían ver muertos á sus hijos que saber que frecuentaban sitios que prostituyen y rebajan la dignidad humana.

Las tres hijas de Sión lloraron amargamente, y con ellas, la mayoría del Board of ladies, que acudieron inmediatamente á la Dirección general de la Exposición, para que cerrara los sitios del «Midway» que escandalizan al mundo con sus horrores é iniquidades.