—Piénsalo bien, antes, mira que cualquiera de las pruebas que no lleves a buen fin les costará la vida a ti y a tus compañeros, porque supongo que cuentas con la ayuda de ellos para ejecutarlas.
—Así es, efectivamente, señor.
—Pero cada prueba no puede ser llevada a cabo sino por uno solo y todos seis sois solidarios del desempeño de cada uno.
—Como he dicho me someto respetuosamente a todas las condiciones de su Sacarrial Majestad.
—Si es así, puedes comenzar; el castillo debe levan[{117}]tarse en esa plaza que está frente a mi palacio: tienes tres días de plazo para hacerlo y en cada día no puedes dar más de un azuelazo.
Comín se dirigió al sitio que se le indicaba y levantando la azuelita que le había dado el viejito, dió el primer azuelazo; y los Reyes, Hermosura del Mundo y la Corte vieron asombrados lo que hasta entonces no habían conseguido ver: la azuela que toca la tierra y los cimientos que quedan hechos instantáneamente.
—Papá, este roto va a salir con la suya; yo no me caso con él.
—No tenga cuidado, hijita, que si logra hacer el castillo, todavía tendrá que hacer otros seis trabajos, a cual más difícil, para lo cual nos aconsejaremos de su madrina, a quien, como bruja que es, se le ocurrirán cosas que será imposible hacer.
—Ojalá sea así, papá, porque yo no me caso con este guatón indecente.
Trascurrieron una tras otra las 24 horas que tiene el día, el sol salió por donde siempre sale y llegó el momento en que Comín debía dar el segundo azuelazo, y lo dió ante la familia real y la Corte con el mismo éxito que el primero, pues tocar la tierra con la azuela y alzarse las murallas del castillo fueron cosas simultáneas.