—Comadre, ¿qué trabajo les damos mañana a estos bárbaros, que no lo puedan hacer para que el castillo me salga de balde y Hermosura del Mundo no se case con Comín?
—Disponga Su Majestad que uno de ellos se tome en un solo día cuarenta toneles de aguardiente y de vino, veinte de cada cosa, y si no lo hace, que no lo hará, los manda fusilar a todos y así le sale de balde el castillo y la Princesa seguirá soltera.[{122}]
—Me parece bien el consejo, comadre.
Escuchín, que todo lo oía, dijo a sus amigos:
—Perdidos somos, compañeros; la maldita bruja aconseja al Rey que mañana haga tomar a uno de nosotros 40 toneles de aguardiente y de vino, veinte de cada cosa, en un solo día, y si no se lo toma, nos hace fusilar a todos.
—¿Y para qué he venido yo?—dijo Tomín.
—Pero, compañero, se le van a quemar las tripas con tanto aguardiente.
—No se apure por eso, amigo, que mis tripas están blindadas.
Al día siguiente dijo el Rey a Comín.
—Voy a encerrar a uno de ustedes en la bodega y antes de las 5 de la tarde debe beberse los veinticinco toneles de aguardiente y los veinticinco de vino que hay en ella, y si no, ya saben lo que les pasa. (El Rey agregó diez toneles más, por lo que pudiera suceder).