Al otro día tempranito fué el Rey a preguntar si habían visto al ladrón. Los mozos le contestaron que no habían visto a nadie. Entonces llamó al Mayordomo, entró con él a la bodega, contó de nuevo el charqui y vió que le faltaban muchos líos.
Enojado como un diablo, porque creía que el Mayordomo era el ladrón y se estaba haciendo el leso, le dijo:—Te doy de plazo dos días para que pilles al ladrón, y si en los dos días no lo has pillado, con tu cabeza pagarás el charqui que se ha perdido. Y se fué dejando todo afligido al pobre Mayordomo.
Cuando el Mayordomo se quedó solo, se puso a decir:—¡Buena cosa, que mi amito sea tan injusto conmigo, cuando yo ni malicio quien pueda ser el ladrón!
Cansado de tanto pensar el pobre hombre, se le ocurrió ir donde una vieja bruja que tenía pacto con el diablo, para pedirle consejo.
Se fué donde la vieja y le contó todo lo que le había pasado y lo que el Rey le había dicho. La vieja le dijo que no fuera miedoso porque nada le pasaría.—“Váyase a la casa—le dijo—recoja hartas chamisas y haga una fogata bien grande adentro de la bodega y se fija bien por donde sale el humo y viene a avisármelo”.[{156}]
El Mayordomo se fué contento porque ya el Rey no mandaría cortarle la cabeza. Agarró las chamisas y les atracó fuego. Ligerito vió el humito que salía por un portillito que había en un rincón. Al tirito se fué donde la vieja y le dijo que el humo salía por un portillito que había en un rincón. Entonces la vieja le dijo que hiciera un mono de liga y le pusiera en las manos una baraja y pusiera una mesa con harta plata en un lado y una vela encendida en el otro, y que todo lo arreglara muy bien y lo pusiera frente al portillo y volviera al otro día.
El Mayordomo se fué e hizo todo lo que la vieja le había encargado.
Después que dejó todo arreglado, se fué dejando bien cerrada la bodega.
En la noche llegó mi buen Monito, que se entraba por el portillito, y vió al compañero con la baraja en la mano y con tantísima plata en la mesa que llegó a saltar de gusto, porque decía:—«Esta noche le gano toda la plata y me voy a remoler donde mis chiquillas con plata y con harto charqui».
Entró como de costumbre, y le dijo al otro mono: