—Ya estoy aquí, compañerito de mi alma; vamos a rifar quien talla.

Y agarró una chaucha y la tiró para arriba diciendo:

—¿Cara o sello? Sello! te tocó a ti; ya está; principia.

Y como el mono de liga estaba quieto, el Monito le dijo:

—Contra na estáis enojado, porque si no me jugáis, te quito la plata y te pego.

El Monito viendo, que la hora se pasaba y el otro no jugaba, le quitó la baraja y se puso a tallar él. Luego tiró dos cartas y le preguntó:

—¿A cuál vay vos?; y el otro mono callado.

Le dijo entonces:

—Bueno, ya que no querís escoger, escogeré yo; te apuesto cien pesos a la sota de oro; y el otro mono, callado.[{157}]

El Monito tiró y ganó, y siguió jugando hasta que le ganó todita la plata al otro. Después dijo: