—Me teníay que dar más plata, todavía, porque me habís quedado debiendo; y el otro mono callado.
Y le ha dado tanta rabia al Monito porque el otro no le contestaba ni le hacía caso, que le dijo:
—Ya que vos no me pagáis, yo te pagaré; y le endilgó un puñete tan fuertazo que lo botó de la silla.
Quedó el Monito pegado de la mano derecha. Entonces le dijo al mono de liga:
—Si no me soltáis, te mando otro puñete, cosa que te haga escupir tachuelas. Y el mono callado.
Le mandó entonces otro puñete, y se quedó pegado de la mano izquierda. Después le dijo:
—Si no me soltáis, te mando una patá que te hago estornudar pejerreyes.
También le mandó la patada y también quedó pegado de la pata derecha.
Después le largó una patada con la pata izquierda, y se quedó pegado de esta pata.
Después le lanzó un colazo, y quedó pegado de la cola.