—Tómame no más, Monito.
Entonces el Monito dijo:
—Yo no tomo agua que habla, porque ahí está mi compadre Leoncito potito quemado: y se arrancó antes que el compadre León lo pillara.
El compadre León salió de su escondite rabiando porque no había pillado al Monito y se fué a donde la comadre Zorra a contarle lo que le había pasado. La comadre Zorra casi le pegó al verlo tan tonto, y después que lo retó bien le dijo:
—Vaya otra vez a ponerse detrás de la misma piedra y no le diga ni una palabra, aunque esté todo un día esperando.[{161}]
El compadre León prometió quedarse callado y se fué ligerito a esconderse antes que llegara el Monito y lo pillara.
Después de mucho rato llegó el Monito con un palito en la mano y se puso a decir lo mismo que la primera vez:
Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?... Agüita ¿te tomaré?... hasta que se cansó, y como nadie le contestara, se puso a tomar agua.
En esto estaba cuando el compadre Leoncito potito quemado pegó un salto y me lo pescó al Monito de una mano. El Monito, todo afligido, le dijo:
Mire, compadrito, perdóneme por esta vez,—y el de León no le hacía caso.