Después de pensar como lo habían de probar, el Monito le dijo:
—Nos tiramos el lazo una vez cada uno, y el que caiga primero tiene que servir de caballo al otro.
—Pero yo lo tiro primero, por ser más grande que tú, le dijo la Zorra.
—Bueno—contestó el Monito—pero desgraciada de ti si no me lo apuntas.[{165}]
La Zorra agarró el lazo y se puso a bornearlo mientras el Monito se preparaba para pasar:
—Ya está—le dijo la Zorra;—y el Monito pasó como un diablo sin que la Zorra lo pillara.
—¡Estay frita, Zorrita; tú en mis lazos caerís y mi yegüecita serís!
Cuando ha pasado la Zorra y el buen Monito le ha echado el lazo medio a medio de la guata; el Monito le dijo:
—¡No te lo decía yo! Ahora te voy a ensillar y por los potreros saldremos a andar.
Se arregló una monturita con los pedazos de cuero que le habían sobrado y las echó el buen Monito a caballito en la Zorra.