—Bueno—dijo la Reina—démosela—y se la dieron.

Juan cuidó mucho su vaquilla y en poquito tiempo creció y engordó y se puso más gorda que las vacas del Rey.

Un día la vió la Reina y le dijo a Juan:

—Mata esa vaquilla que está tan gorda, y la hacemos charqui.

Juan le dijo:

—Esa vaquilla es mía y no la mato sino cuando yo quiera.

La Reina insistió en que la matara, pero Juan se fué donde el Rey a poner reclamo.

El Rey le dijo:—«Vete mejor con tu vaquilla a otra parte, porque la Reina está muy enojada contigo y quiere que la maten».

Se fué Juan con su vaquilla, y apenas se había alejado un poco de la ciudad, unos bandidos salieron de una casa que había a la entrada de un bosque y se la quitaron.

En la noche Juan se escondió en el pajar de la casa de los bandidos para ver si podía rescatar su vaquilla; pero desde su escondite vió cómo la mataban y después se la comían asada.