Mas el hombre se deja vencer del Diablo sólo cuando quiere, porque tiene inteligencia de sobra para reirse del enemigo malo, como lo demuestra este cuento.[{210}]

28. EL LIÓN Y EL HOMBRE{*}
(Narrado en 1888 por el carrilano albañil Pedro Antonio Liberona, natural de Nancagua, de 55 años de edad, y escrito, según sus recuerdo). por don Roberto Regifo, en Diciembre de 1921.

Taba el Lión viejo en su cueva, entre los riscos más encumbraos di una montaña. El Lión hijo, al velo tan respetoso, le icía:

—¿Habrá, paire, en to el mundo uno más guapo que su mercé? (Así trataban antes los hijos a los paires).

—Sí, hijo,—le contestó el veterano.

—¿Cómo ha e ser eso, paire, cuando yo, que soy su hijo, no le tengo mieo a naiden ni más respeto que a su mercé?

—No t’engañís, hijo, hay en el mundo un animal muy brao que se la gana a toos; si nu es por bien, por mal si han de dar; por eso es que yo, qu’era el rey del mundo, m’hey tenío qu’enriscar entr’estos cerros, por no dame.

—Con su permiso, paire, écheme la bendición y yu iré a peliar con ese animal pa quitale el mundo, ¡qué tanto será lo guapo! Empués e su mercé, ¿qui animal será tan grande que yo no me li alime?

—Nu es tan grande, hijo; pero es más ardiloso que toos, y se llama l’Hombre. Yo no ti aré nunca permiso, mientras viva, pa que vais a peliar con él.

Quiso que no quiso el Lión joven tuvo que quiase refunfuñando y afilándose las uñas.